“Ser feliz es una decisión”, afirma sin vacilaciones y con un dulce tono de voz Pilar Sordo, psicóloga y autora chilena considerada una de las personalidades más influyentes de su país de los últimos años. La hacedora de best sellers como Viva la diferencia y Con el Coco en el diván, trasladará sus conocimientos sobre las relaciones humanas a Punta del Este, cuando el 28 de enero brinde la conferencia “No quiero crecer” en el Salón Río de Janeiro.

¿En qué está basada su investigación publicada en No quiero crecer?
Mi tercer libro tiene que ver con cómo estamos educando a nuestros hijos, con la dificultad que tenemos para poner límites. La disertación será un encuentro muy divertido pero también muy movilizador y fuerte en términos de mostrar las inconsistencias parentales, para poder entender, en el fondo, que tenemos los hijos que nos merecemos tener. La conferencia es una invitación para toda la familia, para los adolescentes y los adultos con sus hijos.

Actualmente está trabajando en un libro sobre el dolor, ¿qué busca transmitir como escritora?
Siento que si ofrezco aunque sea una línea que ayude auna persona a poder entender algo de su vida, tiene sentido. Trato de despertar el sentido común y que mis lectores adquieran un grado de conciencia.

¿Cómo resumiría el consejo principal de su exitosa obra Lecciones de seducción?
Aprender a quererse uno mismo, conocerse. No se puede seducir a otro si uno no se conoce. La seducción es un concepto que tiene que ver más con la simpatía, la inteligencia y el sentido del humor que con el cuerpo. El libro rompe el esquema de que se seduce desde lo corporal; muestra una forma de autocuidado y de sentimiento personal que, a largo plazo, lleva a que si yo me quiero, me conozco y me cuido, voy a ser seductora o seductor siempre.

Si existiera una receta para lograr la felicidad, ¿qué incluiría y qué excluiría de ella?
La felicidad es una decisión, no creo que haya que buscarla. Se decide con buen humor y con capacidad de aprender de lo que me está pasando. Hay que aprender a ser feliz con los dolores y los problemas propios, y ahí ubicarse en el mundo. En la medida en que yo lo decido, con la mejor actitud que puedo llegar a tener, la logro vivenciar en el día de hoy, sin estar esperando por ejemplo a tener otra casa, a que mi marido cambie, a que mi papá se mejore. Las personas que son felices no es que no tengan problemas, sino que decidieron levantarse un día con una sonrisa en los labios y probablemente, con una pena gigante en el alma.

Conrad Style, Punta del Este
Texto: Verónica Martínez
Fotos: Julián Larralde