Tengo sentimientos muy profundos al ver a un Chile tan dañado, erosionado y no escuchado.

En mis caminatas por Chile de casi treinta años, he visto gente agotada, cansada, con la sensación de que todo lo que hace es para sobrevivir, pagar deudas, que en la mayoría de los casos son para financiar indispensables, y en otros, para proyectar una imagen en dónde el tener es infinitamente más importante que el ser.

Mi Chile querido está cansado de la resignación, de agachar la cabeza y aceptar una y otra vez el abuso, las colusiones, las estafas, que, además, quedan sin castigo.

Siempre he dicho que el gran tema de este siglo es la búsqueda de sentido, necesitamos darle un sentido a nuestras vidas, un motor que nos de paz.   El modelo cómo está estructurado hoy, sólo se la facilita a algunos, mientras que una importante mayoría se esfuerza con mucha voluntad, sin tener los logros esperados y merecidos.

Quizás uno de nuestros mayores errores sociales y culturales es habernos acostumbrado a pensar binariamente, es decir, en polos o extremos. De esta manera, en un lado estarían los buenos y al otro los malos; los de la izquierda y los de la derecha, los empresarios y el pueblo y así tantas otras categorías. Esto nos hace emitir juicios totales sobre las situaciones o personas desde fragmentos o medias verdades o derechamente mentiras para poder ubicarlos en un extremo y así quedarnos tranquilos en nuestras creencias. Ojalá la realidad fuera tan simple, sin embargo, es mucho más compleja. Están los múltiples matices de la naturaleza humana.

Estas tres semanas nos tienen a todos, sin distinción, cansados, estresados, emocionalmente desgastados y con todas las emociones vivas y despiertas, frente a una crisis que sin duda golpea en lo más profundo a todos los chilenos y chilenas independiente de las posiciones políticas e ideológicas y religiosas, a las que todos tenemos legítimamente el derecho a tener y expresar.Claramente no son treinta pesos, son treinta años.

Duele ver cómo la autoridad habla, pero aparentemente no logra decir lo que los chilenos tanto necesitamos y esperamos escuchar. No quiero excusar a los gobiernos anteriores por los que voté, porque ellos tampoco fueron capaces de detectar que este río subterráneo de dolor, cansancio y rabia iba creciendo.

Duele la violencia y más me duelen los abusos a los derechos humanos que se han cometido estos días. Tengo muy claro que este concepto se genera técnicamente desde las estructuras de poder hacia los ciudadanos comunes y corrientes y por eso me parecen inaceptables los muertos y heridos. No puedo dejar de mencionar al estudiante universitario, como ejemplo de muchos otros, al que le llegaron dos balines en ambos ojos.      Esto requiere no solo justicia urgente sino además cambiar las políticas de contención de nuestras policías.

Sin embargo, dentro de esta situación dolorosa que vivimos estos días hay otras víctimas, microempresarios, civiles y también Carabineros que han sido lesionados y dañados, todos producto de una estructura de poder que llama a la violencia y no al diálogo. Estructura que tiene muchos años y aún no ha sido transformada. Esa gente también necesita ayuda.

Pareciera que nuestras instituciones de orden público no han logrado desarrollar habilidades más protectoras y en ocasiones en vez de proteger, están entrenados a reprimir y en algunos casos en contra de sus propias convicciones.

Por otro lado, parecen estar sobrepasados y mal dirigidos para cuidarnos cuando es lo que tendrían que hacer. Así mismo, pareciera que también faltan para cuidarse a ellos mismos y a todos los microempresarios y lugares públicos, privados y sagrados que han sido dañados y destruidos estos días. Todo esto ha generado graves consecuencias afectivas, sociales y económicas para todos y cada uno de los chilenos y chilenas.

Duele ver y escuchar a un gobierno que, si bien no tiene toda la responsabilidad de la crisis, pero sí del modelo que hoy la genera, se siga centrando solo en la seguridad pública, lo que me parece muy importante para empezar a construir, pero no elabora un discurso afectivo, empático y realista para que los chilenos nos sintamos contenidos y escuchados. Llamo al gobierno a elaborar los cambios y los compromisos que Chile necesita y no solo remitirse al análisis de la delincuencia y sus efectos.

Me cuesta entender en esta realidad y considerando la historia, como algunos de la clase política y algunos empresarios del país no entiendan que estas marchas pacíficas son en contra de ellos y en oposición a las muchas prácticas abusivas que han sostenido por años. ¡Esta es una oportunidad única para que cada sector colabore en hacer los cambios estructurales que Chile pide y necesita hoy!

Considero que un buen aporte sería empezar por llamar a las cosas por su nombre: abusos a los abusos, maltrato a los maltratos, violencia a la violencia venga de donde venga, pero mucho más cuando se deriva de estructuras de poder, y no tenerle miedo a los cambios.

Espero de todo corazón que la clase política tenga la grandeza, aun cuando debiera ser una obligación, de sentarse a conversar con todos los sectores y organizaciones sociales, mirando el cambio que Chile necesita, como el único objetivo.

Todos necesitamos paz, justicia, contención y empatía para trabajar en la reorganización de nuestro país con nuevas reglas.

El llamado es al encuentro real y motivados por esta transformación; necesitamos escucharnos de verdad, sin juicios y sin prejuicios para sentarnos a conversar sin egos, y sin apegos, por el futuro de un país que grita todos los días por justicia y mayor bienestar.

Algunas ideas que planteo con toda humildad desde la sensación sentida y expresada por mis compatriotas son:

  1. Sobre el poder…tengo el convencimiento más profundo que los alcaldes y alcaldesas, que son los dueños y dueñas de casa de cada comuna, y que están todos los días conscientes de las necesidades de su gente , requieren de forma urgente de más atribuciones, fondos y autonomía para funcionar lo más rápido y eficientemente posible y así derivar toda la información a gobernadores y gobierno central y no al revés .
  2. El cambio de la constitución es la carta de navegación que debemos cambiar para aplicar las leyes de acuerdo al país más equitativo que queremos construir.; para ello, la participación de todas las organizaciones sociales es necesaria.
  3. Pienso es fundamental un nuevo reentrenamiento democrático a nuestras policías para que vuelvan a ser contenedores y protectores del pueblo.
  4. Los cambios en la salud, educación, pensiones, leyes tributarias y transporte entre otros, deben urgentemente modificarse tanto en su gestión, como en el financiamiento.
  5. Devolvamos el reconocimiento y valor a las maestras y maestros. Que recuperen su autoridad, que trabajen sin miedo y sin tanta burocracia para que puedan y tengan tiempo de ver el alma de sus alumnos; que sus sueldos se condigan con la tremenda importancia que tienen.
  6. Como esto es responsabilidad de todos y todas en nuestras vidas privadas, recuperemos la comunicación diaria, con nuestros seres queridos.
    Necesitamos desarrollar crecimientos internos, que nos permitan expresar nuestras emociones, y avanzar hacia visiones espirituales y no religiosas solamente.
    Empecemos a cambiar el “tener” por el “ser” en nuestra forma de vivir la vida, nuestros compromisos y realidades afectivas. Aumentemos nuestra expresión emocional positiva desde nuestro interior hacia nuestros afectos.
  1. Llamó a trabajar por la ley de educación emocional de la cual formo parte en varios países. Es una de las maneras más importantes de mejorar nuestra salud mental.
  2. Pido como presidenta y creadora de la Fundación Cáncer Vida que lo antes posible se promulgue la ley nacional del cáncer.
  3. Vamos de a poco, pero sin pausa, eliminando los modelos patriarcales que tanto daño nos han hecho. Entender que la intimidad sana es consensuada y que el amor no se circunscribe a las parejas heterosexuales, por eso el matrimonio igualitario es una deuda pendiente en nuestro país.
  4. Devolvamos la dignidad económica y de trato a todas las personas, en todos los trabajos, de todos los tipos.
  5. Trasporte gratuito sin restricciones para la tercera edad, junto con la reducción del valor de los medicamentos y la eliminación de las contribuciones para este rango etario me parece a lo menos justo.
  6. Como escritora creo que es fundamental eliminar el impuesto a los libros y la entradas de teatro y actividades culturales.

No soy economista, ni menos política, cometo muchos errores dentro de mi imperfección pero nunca desde mi intención, pero creo que si nos sentamos a conversar todos y todas , especialmente las autoridades, con estas y otras medidas podrán abrir en mi humilde opinión de ciudadana de un país que amo, que recorro y conozco, y también como psicóloga en Chile y caminante de América Latina , un camino para un país y millones de personas que empezaron a tener el peor de los síntomas en una nación : La Desesperanza

Con amor a mi patria

Pilar Sordo

Psicóloga y escritora