Hablar con Pilar Sordo a través de la línea teléfonica es como si hablaras con una amiga entrañable que te pone al corriente sobre su vida, aunque realmente nunca te haya visto en persona, y que tiene consejos para dar, aunque no esté en consulta. Sabes que, en el 2009, perdió a su pareja (y que aún le duele); que, ante el terremoto en Chile del 2010, debió sacar fuerzas para darle una voz de aliento a sus compatriotas; que, ese mismo año, le tocó dar soporte emocional a los familiares de los 33 mineros atrapados en una mina; y que, hace unos meses, perdió a su amigo Felipe Camiroaga en un accidente aéreo en la isla Juan Fernández. Sabes todo eso y, por eso mismo, te sorprende su actitud serena y positiva ante la vida. Para variar, escribe un libro sobre la importancia del dolor.

Me pregunto cómo hace una psicóloga para enfrentar situaciones tan difíciles como las que a ti te ha tocado vivir.
No sé si la psicología me ha ayudado mucho. Muchas veces, el saber no ayuda nada. Hay ocasiones en las que uno debería dejarse llevar por la intuición y por otras cosas que tiene la vida antes que por tanta elaboración intelectual. Lo que sí me ha ayudado mucho son mis redes afectivas; mi fe en Dios, que es clave en mi vida; y mi sentido del humor. Estas tres cosas son las que trato de inculcar a la gente que me escucha.

Leí que, en los últimos años, anhelas tener un recreo emocional…

Tengo el privilegio de que me quieran en mi país y, por eso, he estado en situaciones en las que se me ha pedido colaborar. También he estado cerca de las situaciones dolorosas de mucha gente, además de las mías, por lo que necesito que Dios me dé una pausa.

Pese a lo que has vivido, siento en tus libros, en tu discurso, unas ganas de ser feliz.
Ser feliz es una decisión y una actitud. No tiene nada que ver con las cosas que nos pasan. Yo, en algún momento, me dije: “No voy a seguir sufriendo más. Me ha tocado tan duro en la vida que va a depender de mi actitud el sentirme mejor”. Cuando dices: “Estoy cansada, estoy triste”, seguro que vas a estar más cansada y triste. Si dices que estás bien, más contenta que ayer, pues al final te resulta que estás bien. A eso se llama programación neurolingüística.

¿Te provoca volverte a enamorar?
Sí, tengo muchas ganas de enamorarme de nuevo y de que me quieran mucho. Ya hay algunos allí animándose a seducirme y a conquistarme, así que estoy dejándome querer y ver qué pasa con la vida. No hay que planificar mucho; solo hay que estar alertas.

¿De qué trata el libro que estás escribiendo?
El libro se va a llamar “Bienvenido dolor”. Debe estar terminado en enero, pero lo voy escribiendo lenta y torpemente. Hay aprendizajes que me dejó el accidente de Juan Fernández que debo incorporar. Es una investigación sobre cómo manejamos el dolor en América Latina; se habla del cáncer y la muerte.

¿No es una especie de catarsis [su pareja murió de cáncer]?
Valida lo que yo viví con lo que le pasó a la gente que investigué para el libro. Si veo que a esa gente le pasó lo mismo que a mí, creo que vale la pena contarlo. Contar solo mis experiencias sería tremendamente egoísta.

¿Realmente sirve vivir el dolor? La sociedad actual prefiere tomarse una pastilla contra el dolor y seguir.
Nos hemos inventado la ilusión de que le hemos ganado al dolor a través de los fármacos, el alcohol y las drogas. Eso no sirve; el dolor llega a tu vida para hacerte crecer y evolucionar. En esas circunstancias, contestar la pregunta: ¿cómo estás? requiere silencio, apagar la televisión, respirar profundamente, caminar por el parque, contactarse con uno mismo para que esa respuesta sea honesta, porque, si no, dirás automáticamente: “Estoy bien”, y no será producto de una reflexión real.

Y tú, Pilar, ¿cómo respondes a esa pregunta?
No te puedo decir que estoy muy bien, pero siento que estoy en un proceso de resurrección interna. Estoy contenta de lo que me está pasando, independientemente de que venga de algo muy doloroso. Estoy contenta conmigo, de lo que estoy haciendo y cómo lo estoy haciendo. Estoy bien con mis afectos y las oportunidades que se presentan.

Por: Norka Peralta Liñán
Suplemento Mi Hogar, El Comercio, Perú