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Desde el “Viva la diferencia”, investigación que Pilar Sordo difundió a través de diferentes formatos, hasta la fecha, no ha dejado de dar en la tecla en temas vitales para encontrar el equilibrio emocional, a juzgar por sus seguidores. Esta vez, presentó “El desafío de ser feliz”, un estudio que ya tiene 12 años en América Latina, y sigue arrojando nuevos resultados. La última actualización fue realizada a mediados del año pasado, ya que las condiciones sociales, culturales, laborales van modificando las conductas. Tanto que las personas manifiestan ser cada vez menos felices aún cuando parecen tenerlo todo.
En esta oportunidad llegó a la provincia invitada por Sancor Salud en el marco del programa “Saludablemente”, que consiste en un ciclo de charlas cuya recaudación es destinada a Unicef Argentina. Pilar dialogó en exclusiva con Revista OH!.

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-Contanos un poco de este estudio sobre la felicidad.
Esta investigación ya tiene 12 años en América Latina y a mi me gusta muchísimo contar de qué se trata porque me ha enseñado mucho y me permite estar alerta y conciente de todo los conceptos que de allí surgen. Además me pone muy contenta llegar a la gente, más a través de este programa hermoso que ayuda a Unicef.
-¿Cuál es el concepto de felicidad? ¿Tus charlas empiezan hablando de eso, o cómo se desarrollan?
No, no empiezan por ahí. Las conferencias parten desde otro lugar. Primero hablo de las emociones como el primer filtro que hay que trabajar para poder llegar al concepto, después hablo de los errores que se cometen en cuanto a su definición. Sobre este último, creo yo que el más grave es confundir felicidad con alegría y suponer que sólo estamos felices cuando estamos contentos sin entender que puedo ser feliz y estar triste, o ser feliz y tener problemas. Otro error es confundir la felicidad con “el tener cosas”, cuando el estudio muestra que es más fácil tomar la decisión de ser feliz cuando uno necesita menos, no cuando tiene más. Desde ahí comienzo a mostrar lo que el estudio reveló.
– ¿Qué es lo que demuestra esa investigación?
Que la felicidad es un estado permanente en el tiempo que se caracteriza o tiene más que ver con la armonía, la paz, la tranquilidad que con la euforia, el placer o la extrema alegría, y que para lograrlo requiere de varias condiciones como ser agradecido, concentrarse en lo que uno tiene y no en lo que le falta, el buen humor, la fuerza de voluntad para mantener esa decisión a lo largo del día y no pretender estados ideales. Otro elemento que ayuda mucho a la gente es la fe, que le da sentido a esa decisión, mientras que los que no tienen fe deben trabajar la fuerza de voluntad para poder desarrollarla. En la charla separo cada uno de estos componentes y explico como el estudio gráficamente nos da a todos la posibilidad de tomar contacto con el concepto.

 

-¿Uno puede plantearse algún tipo de entrenamiento para lograr ese equilibrio o estado duradero en el tiempo?
Sí, si uno de verdad aplica todo lo que el estudio dice y tiene conciencia de lo que la investigación muestra efectivamente uno se hace consciente de que está tomando la decisión de ser feliz. Por lo tanto poder decir “soy feliz”, aunque hoy puedo estar triste o tener problemas.

-¿Por qué se llega a esta situación de no valorar lo que se tiene y hacer más hincapié en lo que no se tiene?
Porque nos educan desde que nacemos en base a la carencia y no a la abundancia. Todo el tiempo el sistema económico que hemos instalado hace sentir que nos están faltando cosas y que pareciera que quien las tiene es más feliz que yo que no las tengo, por lo tanto estamos todo el tiempo en una especie de carrera interminable por tratar de cumplir con las expectativas de lo que se dice que es el estar bien en la vida. Eso, además de generar un tremendo agotamiento, genera una situación de frustración.

– En definitiva si los adultos no asumimos esto, menos podremos transmitirlo a los próximas generaciones.
Totalmente cierto. Nosotros deberíamos ser modelo de cambio y de conducta para que los niños vean que si expresamos emociones en casa, que si somos capaces de decir lo que sentimos, que los valores de la familia apuntan hacia un sector más emocional que hacia uno de más rentabilidad, la cosa cambia. En esto la labor de los adultos es clave para que eso se pueda aprender desde muy chico.
En este proceso de cambio de valores, ¿la escuela es tan importante como la casa?
Yo creo que la casa es fundamental, pero la escuela es un reforzador innegable. Si mi maestra me castiga o me sanciona porque me dio un ataque de risa en la sala y me hace sentir que soy estúpida desde los cuatro años -que todavía quedan maestros así-, por supuesto que a la larga la escuela puede ayudar o dificultar este proceso.
– Hay gente que se reconoce como negativa o pesimista, ¿cuesta más lograr un cambio desde esta perspectiva?
Sí, porque reconocerse pesimista ya es pesimista, por lo tanto objetivamente lo que esa persona debería decir es que hasta ayer era pesimista y hoy ya es menos pesimista que ayer. Eso lo hace optimista, y ya cambió. No es tan difícil, lo que pasa que el lenguaje es muy potente en el cómo uno se autodiagnostica y autoboicotea. Decir yo estoy fea o soy fea, no es lo mismo, porque si estoy fea hoy puedo dejar de estarlo mañana, en cambio si digo soy fea no tengo ninguna posibilidad de dejar de serlo. Lo mismo sucede cuando digo soy o estoy gorda, o soy o estoy depresiva, y todo lo que de alguna manera me voy abriendo, o no, en el lenguaje para empezar a centrarme más en las oportunidades de cambio y no en los juicios. Si hay algo que al ser humano le hace increíblemente bien es aumentar cada día su capacidad de aceptar lo que está viviendo, y lo que le hace pésimo al ser humano es ponerle juicio a todo eso que le está pasando. Mientras más juicios, menos capacidad de decisión, mientras más aceptación más capacidad de decisión, que no tiene nada que ver con resignación sino con abrir la posibilidad de experimentar el dolor que pueda estar viviendo pero afirmarme en lo bueno que vivo. Agradecer siempre lo bueno y tomar lo malo para caminar con ambas cosas.

 

– Cada vez hay más personas enfermas con patologías derivadas del estrés. ¿Tendrá esto una relación con la falta de decisión de ser feliz?
Tiene que ver con muchas cosas. Hay un sobrediagnóstico respecto a ese tema. En realidad tiene que ver con una forma de enfrentar la vida que sólo ataca síntomas y no causas, tiene que ver con una sensación permanente que pareciera que mientras más corremos y más hacemos estamos más conectados con nosotros cuando es realmente al revés. Eso genera una sensación de validación social. Si yo digo estoy cansada y el resto también, nos sentimos parte de un sistema en el cual nos consolamos y nos encontramos todos maravillosos, tan trabajadores y tan nobles. Si yo digo que no estoy cansada, que estoy bien, es raro, ahora es cool decir que uno está cansado. Adquiere cierto grado de importancia. Hay una sensación que valemos más en la medida que más estresados estamos. Está de moda, tanto que a la gente le suena mal escuchar que le digan estoy super bien.
– ¿Cuántas investigaciones realizaste hasta la fecha y qué metodología utilizás?
Este estudio lleva 12 años porque en realidad ninguna de mis investigaciones termina. Tengo 9 estudios sin terminar, de hecho ahora estoy haciendo la actualización del “Viva la diferencia”, que es mi primera investigación, porque ya quedó obsoleta en ciertas cosas, tanto que hay algunas que ya son machistas o han dejado de pasar, por lo tanto ninguna termina. Intento actualizarlas cada dos años. En general se hacen con talleres, con encuestas, con encuentros con la gente, y sobre todo con caminatas. Siempre digo que me gustaría ser recordada cuando muera como una peregrina y en esos peregrinajes tengo la posibilidad de escuchar a miles de personas y esos miles me van dando información todo el tiempo.