Cómo ha cambiado Chile.

“Ha cambiado en tantas cosas. Hoy se discuten los temas con mayor honestidad.

Nos hemos vuelto más egoístas también, más agresivos desde el análisis de las emociones. Creo que el estado de ánimo natural de los chilenos en los últimos años no ha mejorado mucho. Hemos recuperado alguna capacidad de goce, pero hay como un desgano subterráneo, que a mí, como psicóloga, me preocupa todavía mucho”.

Liderazgo.

“Me emociona estar entre las 50 mujeres más influyentes de Chile, agradezco el cariño. He trabajado 30 años por tener un movimiento transversal en Chile y América Latina.

Ser profeta en Chile no es fácil porque somos chaqueteros, porque el éxito es sospechoso, pero agradezco ser reconocida en mi país”.

¿Se ha sentido discriminada? “Discriminación por ser mujer en términos explícitos, no. Pero siempre se me hizo sentir, y más por otras mujeres que por hombres, que por mis viajes, hubo una especie de abandono de hijos o familia, incluso se me hacía responsable a mí de quiebres de pareja… lo que para un hombre es interpretado como éxito laboral, a mí me lo hacían sentir como que abandonaba a los hijos. Eso no se les pregunta a los hombres”.

Micromachismo.

“Falta mucho. Seguir diciendo ‘el hombre me ayuda en la casa’… ‘yo trabajo fuera de la casa’ y con eso invalido a las que no lo hacen… que la dueña de casa siga sintiendo que no hace nada y ella misma lo diga en un tono desvalorizado… ‘mi pareja es tan buena que me ayuda con los niños’… en eso falta mucho… Hay un discurso público maravilloso, una pelea en las calles, pero hay que hacer que eso entre en los corazones de una mujer que vive en La Dehesa, en Renca, en Coyhaique”.