Pilar Sordo, la afamada psicóloga chilena, convierte las conferencias sobre sus investigaciones y libros en verdaderos espectáculos.

Ocurrió el pasado lunes en Mar del Plata, a sala llena del teatro Neptuno. Y seguramente sucederá otra vez el próximo lunes en el mismo lugar.

Después, la autora de “Viva la Diferencia”, su cuarto libro en el que trata sobre las características de lo femenino y lo masculino, seguirá su gira por distintos escenarios de la costa, y luego continuarán sus presentaciones en América latina y otros países del mundo.

Un fenómeno que sorprende a la misma Pilar. Después de hablar dos horas sin parar en su última presentación, haciendo sonreír o reír a los espectadores casi todo el tiempo, ella se emocionó cuando la gente la ovacionó de pie, confirmándole que está viviendo un romance muy especial con el público argentino.

¿Cómo explicar este fenómeno? ¿Cómo se lo explica la protagonista? En diálogo con LA CAPITAL remarca la seriedad y lo confiable de su trabajo en términos de medición científica.

Hace 25 años Sordo lleva 25 años desarrollando una carrera superlativa como psicóloga, y dando charlas prácticamente desde el mismo tiempo.

Un día, al escucharla y al saber también de sus investigaciones académicas y de sus talleres sobre temas familiares, una editora le propuso que hiciera un libro. Así nació, sin proponérselo, su primera obra escrita, “No quiero crecer”. Fue un gran éxito, un trampolín. Luego vendrían otros libros y las conferencias, en las que el genio de Pilar volcó su humor espontáneo y una veta histriónica al comunicar, circunstancias que siguen explicando el éxito, pero no completamente.

Falta para explicarlo del todo algo más. Mucho más, dígase lo esencial: su experiencia de vida, que comprende los dolores de un divorcio primero, y de la viudez después, y que contiene, al fin, su búsqueda sin pausa de las verdades más profundas, sin excluir las relacionadas a la muerte, y que en estos días la está llevando a terminar su próximo libro, “Bienvenido Dolor”, y a proyectar el próximo que versará sobre el silencio.

Años de investigación

“Viva la Diferencia”, el libro y la conferencia, son los resultados de una investigación que duró cuatro años en Chile, otros ocho años para las validaciones en otros países, y que sólo en tierra trasandina comprendió a cuatro mil personas. Como conclusiones aparecen un elenco de 14 diferencias, entre las que se destacan que en general las mujeres tienden a retener y los hombres a soltar, que las mujeres son memoriosas y los hombres lo contrario, que ellas tienden a agrandar las cosas y ellos a minimizarlas, todos con sus propias dosis de lo femenino y lo masculino, que en el inicio de su exposición, Sordo convoca a percibir en lo singular de cada interioridad.

“En esta semana-señala-tengo que terminar mi quinto libro y estoy en la etapa en la que me pongo obsesiva, porque lo estoy corrigiendo. El tema tiene que ver con el dolor, con los duelos, con la pérdida, con la muerte, con el cáncer. Con esas cosas que parece que no hay permiso para sentirlas y hablarlas en el mundo de hoy. También hay una investigación de la felicidad en América latina. Nunca he hecho un libro que no estuviera respaldado por un estudio científico. En cuanto a Bienvenido Dolor, además de que el tema es jodido de procesar, el gran trabajo es procesar lo terrible y complicado de los datos”.

LA CAPTTAL: Has hablado mucho de ‘los jóvenes’, ¿en qué sentido ves que van cambiando las nuevas generaciones?
Siento que los que estamos perdidos somos los adultos, y creo que los jóvenes mutan hacia los espacios a los que nosotros los hemos llevado. Digo: espacios de inseguridad o de falta de habilidades sociales. Creo que la generación de adultos le está dando todo demasiado fácil, sin ningún cuestionamiento de nada y por lo tanto quedan en un espacio de soledad, o de no saber hacer frente a las dificultades, porque nunca le hemos enseñado a enfrentar ninguna. Por otro lado hemos ido construyendo un mundo que está sólo basado en los derechos.El cómo cada familia estructura su código valórico, sus prioridades, cuánto en una familia se ve televisión, y cuánto permite que eso sea permeable a la comunicación familiar, es un tema de los padres. Somos nosotros los que gobernamos la casa. Es como el señor del crucero. No puedo decir que me caí a un bote salvavidas. Yo dirijo el buque y si se hundió es culpa mía, no hay más análisis, a otra cosa.Hay un criterio bancario también, que yo lo digo en la conferencia, que es que nadie puede tener rentabilidad en un lugar donde no está invirtiendo y objetivamente y en términos de tiempo real, le dedicamos menos tiempo a los afectos que a otras cosas.

La voluntad y los afectos.

-Pilar, en tu trabajo, también nadas contra la corriente… por ejemplo, apostas a que en matrimonios de muchos años juntos se puede intentar recrear la magia y el amor.

-Sí, por eso es que yo hago tanto énfasis en el concepto de fuerza de voluntad, porque yo creo de verdad en que en la medida en que la gente vuelva a trabajar por los afectos, y vuelva a preocuparse por cuidar ciertas situaciones, aumentando también las tolerancias y las paciencias, porque tal vez mi abuelo no se preocupó tanto en conquistar a mi abuela, pero había otro nivel de rango de tolerancias y de paciencias donde se había tomado una decisión, y esa decisión ayudaba a bancarse mejor los malos momentos. Hoy en día esa tolerancia no dura nada. Ni un fósforo. Entonces, objetivamente, se acaba muy rápido y, por lo tanto, la posibilidad de invertir emocionalmente en ese proceso es escasa. No está.

-¿Te gusta la palabra compromiso?
-Creo que nada en la vida se puede hacer sin compromiso. Siempre hablo de la teoría del jamón y el huevo, digamos. La gallina cuando pone el huevo no se compromete, lo entrega. El jamón sí supone compromiso, el cerdo dio la vida para que nosotros comiéramos ese jamón. Objetivamente hay una liviandad para desechar, para subirse, para bajarse, para hacer lo que uno tiene ganas, como si fuera un ejercicio de la libertad, pero me parece que a la larga esto tiene que ver con un error en el concepto terrible porque la libertad no tiene que ver con el hacer lo que yo quiero, digamos, sino en hacer lo que debo hacer primero. Entonces, objetivamente, en esa concepción hay como distorsiones de códigos. Lo conversaba con la número uno para mí en farándula en Chile: qué loco cómo cambian los códigos, porque -y yo a ella le tengo un cariño
entrañable- cuando yo era chica hablar mal de la gente era mala educación, y hoy día es un signo de honestidad. ¡Qué brutal!: porque ahora en pos de ser honesta yo puedo hacer mierda al que tengo enfrente y me importa un carajo porque yo voy de frente, y con eso de que voy de frente puedo decir lo que se me da la gana. El valor de la delicadeza, de la prudencia, el valor que tiene el silencio en términos del respeto del otro… El respeto a la intimidad en esta pérdida de códigos de la cual todos somos responsables. Yo no me estoy saliendo del tema, pero me parece parece importante analizarlo.

-¿Es como que a la libertad se le quitó la responsabilidad?
-Absolutamente. Y con los chicos es muy claro. Da lo mismo que un chico estudie o no estudie en el colegio que en la Navidad igual tendrá un regalo caro y fantástico. No viene adecuado el ser libre con el ser responsable como dentro de un mismo paquete del cual haya que hacerse cargo. No forma parte de eso. A mí me encanta la palabra compromiso. Siento que cuando me paro a dar una conferencia, de este tema o de otro, yo estoy cien por ciento comprometida con lo que estoy diciendo, y eso hace que se me crea, porque es de mi vivencia o de mi caminar por la investigación desde donde yo me ubico, no es un tema ajeno a la situación.

Verse a los ojos

-¿Cuál es tu deseo para los tuyos, los cercanos, pero también para esta familia grande que te estás haciendo en América latina, creando afectos todo el tiempo, gracias a tus charlas, en un término de aquí a cinco o diez años?
-A mí me encantaría que fuéramos más capaces de recuperar las confianzas. Siento que nos hemos vuelto países cada vez menos visibilizadores del otro, como otro igual a mí. Es como si hemos cosilicado las relaciones y las instrumentalizamos en la medida en que me sirven o no me sirven. Y si me sirven los veo y si no me sirven no los veo. Me gustaría que nos viéramos más a los ojos, me gustaría que nos abrazáramos más, que recuperáramos la sensación de barrio, de confianza con el vecino, porque ahí creo que está el germen o la base para evitar todo otro tipo de problemas, que tienen que ver con la droga, con el alcohol, con la violencia. En la medida en que los vínculos de confianza mejoran la violencia disminuye. Entonces, me gustaría ver más que de verdad el 2012, así como lo veían los mayas, pudiera ser un año de transformación, que no sea la tele negra, o basura, el tema, sino que sea sentarnos a la mesa y valorar los afectos más primarios como resortes o sostenedores de los vínculos. Yo siento que eso es lo que más me gustaría que pasara porque creo que ahí es donde está la gran herida de esta historia, y si esa herida se sana… yo creo que nos equivocamos muchas veces desde donde miramos el problema creo que se sanan muchas cosas. Creo que las recuperaciones de confianza hace que todo funcione mejor.

La Capital
20 Enero
Por Óscar Lardizábal
Con el aporte de María Marta Mainetti, antropóloga, docente de la UNMdP