Foto: Mónica Molina

Es una de las autoras más vendidas en nuestro país, una conferencista que agota localidades y toda una personalidad gracias a la naturalidad con la que presenta los temas de sus estudios que terminan siendo plasmados en libros. Este año no pudo venir a Uruguay para presentar Un segundo de coraje (Ed. Planeta, 640 pesos), su más reciente trabajo que resume las preguntas que le han hecho en estos años. “Ustedes de El País son los culpables que a nivel mundial me llame ‘gurú’, es un título que odio con toda mi alma” dice Pilar Sordo cuando se inicia la charla.

—¿Por qué no le gusta que le digan “gurú”?

—No me siento gurú de nada, me carga la palabra seguidor, la encuentro de una omnipotencia brutal, porque seguir a alguien significa que ese alguien va más adelante que el resto, y no me siento más adelante de nadie. Quien se piensa que va a delante está recontra cagado de la cabeza.

—Pero usted tiene seguidores que compran sus libros y siguen sus pensamientos.

—Prefiero pensar que nos acompañamos. Me pasa lo mismo con la palabra “fan”, es horrorosa. Esas cosas que se generan desde el ego y la vanidad las encuentro macabras.

—¿Cómo se lleva con la tecnología y las charlas por Zoom?

—La gente recién está acostumbrándose al tema del online y es un aprendizaje para el planeta. Igual ha sido jodido, estoy atendiendo pacientes online que es lo que me permite mantener la estructura económica de las 12 personas que dependen de mí todos los meses. Así que tengo un peso enorme en la espalda.

—Está presentando un nuevo libro que parece escrito para la pandemia, ¿cómo surge?

—En realidad este libro pensaba ser una cosa y terminó siendo otra, como muchas cosas en la vida. Pensaba hacer un libro que respondiera las preguntas que más me han hecho las personas en estos 30 años de trabajo como psicóloga que cumplo este año. Algunas preguntan me llegaron por redes sociales, otras fueron presenciales, hasta en el baño de un shopping me paran y la gente te cuenta o te pregunta cosas. Y cuando veo los temas que tenía que “responder” empiezan a surgir que todos los temas tienen algo en común: para ser superados y trabajados de buena forma, todos requerían un segundo de coraje.

—¿Y qué hizo?

—Entonces se reformuló todo el libro de nuevo y parto desde ese punto central, describiendo los temas que más me han consultado en estos años.

—¿Qué le han preguntado?

—Hay un capítulo que es sobre las relaciones tóxicas que es claramente el tema más preguntado. Las relaciones de pareja tóxicas, de esas que no puedo estar contigo ni sin ti; también sobre los vínculos tóxicos que pueden ser una madre, padre, compañero de trabajo o cualquier vínculo tóxico. Otro tema es: volver a tejer vínculos afectivos a nivel social. Nada mejor que una pandemia para poder verlo. Y el libro termina con el gran tema de este siglo: la búsqueda de sentido. El para qué hago lo que hago y hoy día esa es la gran pregunta que todo el mundo se está haciendo. Esa es la pausa que ofrece la cuarentena para pensar y evaluar la vida.

—Pareciera un libro escrito para el confinamiento.

—Pasa que cuando escribí el libro la pandemia no había pasado, terminé de escribir el libro en enero. Ahora estoy empezando a escribir un libro sobre la pandemia pero creo que la pandemia lo que nos está regalando es la pausa. Y esa pausa para que los gobernantes piensen en la justicia social y vean cómo van a cambiar el modelo económico, es una pausa para revalorar a la medicina, los médicos y enfermeras que nadie los veía; valorar a los maestros porque ahora que tengo que enseñarle a mis hijos empiezo a resignificar la educación, es una pausa que ya sea colectiva o individualmente es una oportunidad, si la quieres tomar para hacerte las preguntas y plantearte metas nuevas, me parece que es súper importante.

—¿Cómo se hace para tomarse esa pausa y cambiar?

—El segundo es eso, un segundo. Es venir con un ruido interior de algo que tenés que cambiar en tu vida y que te jode y jode, lo niegas y solo aumenta el volumen hasta que algo en el alma te dice que hay que dar el salto, y se te apaga la cabeza.

—¿Se apaga la cabeza?

—En el momento del segundo de coraje, los pensamientos no te joden. Pegas el salto y del otro lado del cerro se te llena otra vez la cabeza a hablarte y decirte: pero qué hiciste, te equivocaste; pero dentro tuyo hay una voz que dice: no, la decisión estuvo bien tomada. Estoy triste, angustiada, tengo miedo pero estoy en paz, y esa paz es la certeza del segundo de coraje. El segundo de coraje siempre va en beneficio del amor propio que es mucho más que el autoestima.

—En su libro habla sobre las relaciones tóxicas y la violencia doméstica, un tema que ha estado presente en estos días en nuestro país.

—Ustedes en Uruguay lo han hecho regio, son un país emblemático. Todos los días me llegan reportes de lo que está pasando a nivel mental en cada país de América Latina. Todos los días antes de las dos de la tarde recibo ese informe, desde España a Tierra del Fuego. Y claro, Uruguay mostró lo mismo que todo el mundo un aumento de violencia hacia la mujer, también hacia los niños, hacia los viejos, pero en términos generales, ustedes son un ejemplo. Uruguay es un emblema de disciplina, acatamiento, de orden, de reglas, de cómo acataron la cuarentena y se la vivieron e hicieron las ollas populares para la gente que no tenía. Chapeau para Uruguay. Siempre he admirado a Uruguay y han tenido una disciplina y desarrollo moral súper alto.

—¿Cómo está Chile?

—Nosotros estamos viviendo ”la segunda ola”, que es lo que ha ocurrido en otros países, cuando las medidas se relajan, la gente sale y se reactivan los contagios. Y esto revive la crisis social de la que veníamos en octubre, es una suma de cosas que, la pausa otra vez, ofrece la oportunidad para que el gobierno se siente a pensar en serio en los problemas que Chile tiene. Lo único que hace la pandemia en Uruguay, Chile o China, es sacar a flote los problemas que tapamos con la rapidez o la eficiencia. Cuando hago todo rápido no soy muy consciente, y ahora que estamos todos haciendo las cosas más lento, vemos cosas que antes la velocidad no nos dejaba mirar.

Por: Nicolás Lauber
Fotos: Mónica Molina
TVShow, Uruguay