Mucha gente cantando en el parque, otros corriendo por las calles, varios miles mirando y riéndose con la historias y con mucha emoción por la superación de muchos. Es para pensar que ese es el Chile que quiero y que me gustaría para mis hijos. Un Chile divertido, agradecido, que comparte que no ve diferencias, que goza y que se encuentra en lo cotidiano.

Yo soy pésima para el deporte, pero le prometí a mis hijos que el próximo año corro los 10. Lo voy a hacer para dejárselos de testimonio de esfuerzo, para compartirlo con ellos y para probarme a mi misma que puedo vencer una historia llena de conflictos y flojera con el deporte.

Es que detrás de este fin de semana de música y deporte, hay valores muy sólidos que nos permiten el contacto con lo esencial de la vida. Es tomar contacto con el estar vivos, con los que amamos, con las emociones y con la posibilidad que sentir que pertenecemos a algo, un grupo, un país.

Todos valían lo mismo, todos con la misma oportunidad, no habían diferencias sociales, ni de regiones, ni siquiera de países. Nos vimos parecidos, alegres, sonrientes, esforzados y sobre todo algo que siento que nos falta mucho a los chilenos: nos vimos hablando bien del sacrificio y de que le cuesta al alma.

Pulir el alma, ese acto de hacer algo que nos cuesta parece ser fundamental para sentirnos bien con nosotros mismos. Vivimos en un sistema, creado por todos, donde todo lo fácil parece bueno.

Subir por escaleras mecánicas, tomar ascensores, dejar el auto justo en el mismo lugar donde vamos. Calentar comida en el microondas, comprar comida preparada, comprar cosas de inmediato y a crédito para poderlas tener lo antes posible aunque sepamos que con eso pagamos cuatro de esos mismos productos. Tomar adelgazantes y hacernos cirugías en vez de hacer el esfuerzo de una dieta sana y aceptarnos como somos.

No imprimir las fotografías, terminar relaciones a muy corto plazo para evitar el dolor, estar rodeados de farmacias, etc. Podría estar todo el día nombrando todo lo que hacemos día a día para facilitarnos la vida sin ningún cultivo de la voluntad como único motor real de conducta humana.

Creo firmemente que si no nos volvemos a complicar la vida , aplicando fuerza de voluntad y esfuerzo, vamos a perder contacto con lo mejor que tiene el ser humano y que pasa por la capacidad de pararse frente a la adversidad y salir delante de todo cuanto se nos ponga por encima.

Pulir el alma es lo que mejor nos hace, a eso salieron hoy todos los maratonistas de Santiago, a pulirla, a rasparla con fuerza, a sentir que “cuando uno quiere y se esfuerza por ello, se puede” y eso es lo que al final hace grande un país.

Hoy de nuevo sentí orgullo de ser chilena, de ver que hay algo que pulsa fuerte por poder estar más contentos, por ser agradecidos, por valorar el sacrificio y en vez de quejarnos, agradecerlo como medio de logro del alma.

Este fin de semana vi a un país cantar, cantar fuerte y en familia. Lo vi correr y ganarle al cansancio. Lo vi unido y sonriente , lo vi sano y cercano. Seamos capaces de mantener este estado todo lo que nuestra voluntad  esté dispuesta a ser ejercida.