Pilar Sordo (46) es en persona lo que predica: afectuosa, preocupada de hacer sentir bien a los que están a su alrededor, pocas veces dice la palabra “No”, es amistosa, entre tantas cualidades que por algo la han catapultado como una de las psicólogas más reconocidas en Chile y el extranjero. En numerosas conferencias que ella ofrece en colegios y congresos, uno de los consejos que brinda recurrentemente es que las personas deben aprender a cumplir con sus responsabilidades con alegría, conectadas con el entorno, capaces de aprovechar el día como si fuera el último en la vida. Y en la práctica ella cumple esta filosofía al pie de la letra, aunque confiesa que a veces la embarga la tristeza y debe esforzarse para levantarse y seguir adelante. Pero se esfuerza, que es lo importante, y ahí siempre la vemos ayudando a quienes necesitan de una guía para superar sus aflicciones.

Para llegar a este estado de armonía, Pilar tuvo que sortear varios momentos difíciles, como la separación de su primer esposo, y luego la muerte de su segunda pareja, Osear Letelier González, a quien le diagnosticaron un cáncer, que marca hasta la actualidad lo que es Pilar como persona. Ella dice que después de ese pronóstico cada minuto tomó más valor, y creó, en honor a Osear, la Fundación de Pacientes de Cáncer de Pulmón y Páncreas.

Lamentablemente, este año perdió a tres amigos, primero al cantante y compositor argentino Facundo Cabral, asesinado en Guatemala, y luego a Felipe Cubillos y Felipe Camiroaga, connotadas víctimas del accidente aéreo en el archipiélago Juan Fernández. Nuevamente la fragilidad de la vida es un tema que ocupa su cabeza, y por el cual está en proceso de redacción su próximo libro “Bienvenido dolor”. Esta novela pretende sumarse al éxito de “Viva la diferencia” (2005), la obra que logró llegar al número uno en los rankings de venta en Chile y que fue utilizada en la rutina de Coco Legrand para el Festival de Viña del Mar de 2006 -con el humorista tuvo además la oportunidad de coescribir “Con el Coco en el diván” (2007)-. Otros de sus títulos son “Lecciones de seducción” y “No quiero crecer”, ambos del año pasado. Por esta bibliografía y su aporte a la sociedad ha sido reconocida con galardones como el otorgado por el Colegio de Psicólogos San Juan de Argentina, y en Chile el premio de Periodismo Alberto Hurtado Cruchaga 2010, entre otros.

“Está todo en mi cabeza”

Su próximo libro “Bienvenido dolor” tiene que ver con cómo vivimos las penas, el duelo, la pérdida, el fenómeno del cáncer en Chile y dentro de eso una investigación sobre la felicidad. ¿En qué proceso está este trabajo?

-Aún no lo termino porque han pasado varios episodios, primero me robaron el computador cuando llevaba un tercio escrito y no tenía respaldo, por lo tanto caí en un estado de parálisis que no pude volver a escribir. Luego se produce mi transferencia de Norma a Planeta, y eso cambió los plazos, se supone que debo entregar en enero, para que salga en marzo (y no a fin de año como era de un principio). Y las veces que he intentado escribir sucedieron otras situaciones, como la muerte en el avión de los dos Felipe (Camiroaga y Cubillos) que yo adoraba, y me han estado pasando cosas personales a mí también. Le decía a una amiga que estoy como con estitiquez literaria, y tengo que tomar laxante sino el libro no va a salir. Es más disciplina y metodología que otra cosa, porque la información ni siquiera la tengo en papeles, sino que está en mi cabeza.

¿Y cómo se supera el dolor?
-Una de las cosas que he ido descubriendo por mi propia vida es que el dolor, más que superarlo, uno lo va incorporando. Al principio cuando el dolor te llega es un elemento extraño en tu cuerpo, pero paulatinamente esto comienza a mutar en uno, sobre todo cuando uno trabaja en tratar de encontrarle un significado a ese dolor, y cuando tú le encuentras un aprendizaje puedes caminar con él. Es como un compañero de viaje, sabes que está, hay días que duele nada, pareciera que lo superaste, a lo que llamo un dolor mentiroso, y hay días que se te reactiva, y vuelve a aparecer como haciéndote tomar conciencia de que está ahí. La gracia está en el sentido con que lo vives.

En el libro asocia el dolor al cáncer en Chile, por una experiencia personal suya. Cuéntenos un poco más.
-Me tocó acompañar a mi pareja, Osear, en su proceso de cáncer y después crear la Fundación de Pacientes de Cáncer de Pulmón y Páncreas, que formé cuando él falleció, y desde ahí he tomado contacto con otras fundaciones, porque esta enfermedad es un buen indicador de lo mal que vivimos en Chile el dolor. Siento que el cáncer es una muestra tremenda de cómo los chilenos negamos la muerte, al decir que es una maldita enfermedad y millones de categorías espantosas, cuando en verdad si todos entendiéramos que la única realidad es que nos vamos a morir, saber con anticipación cuándo te vas de este mundo es un tremendo privilegio. A mí me encantaría que fuera así, porque si sé que me voy en seis meses, determinaré qué quiero hacer en ese tiempo, o si hago lo mismo al menos estaré consciente. Siempre digo que el helado de vainilla no tuvo el mismo sabor el día antes y después del diagnóstico, y la vida cambió hasta hoy. Con las cosas que me han sucedido en el último tiempo, el aprendizaje del cáncer me ha enseñado que no puedo estar tres días llorando por algo, porque estás perdiendo tres días de reírte, de amar, porque de verdad el tiempo es muy corto. Este año, particularmente con el accidente de Juan Fernández, los chilenos nos hemos expuesto a ver la fragilidad de la vida, con el tema también del terremoto, el incendio de la cárcel de San Miguel, y hay quienes aún no
aprenden nada. Creo que la capacidad de gozo, la alegría, de querernos mirar, de establecer espacios de diálogo, falta.

¿Por qué cree que muchas personas no toman la decisión de gozar el presente?
-Una de mis sensaciones es que como vivimos permanentemente enfrentados a situaciones graves y nos volvemos a parar, nos hemos vuelto soberbios. Porque un país que tiene conciencia de muerte, como Colombia, tiene goce de vida. Y quienes no tienen esa conciencia, no sienten la vida como algo importante, en lo simple, cotidiano, en el sentido común de llegar a un lugar y que te sonrían, en que te saluden por el nombre. Yo tengo que saber que a lo mejor ésta es la última vez que te veo, entonces te tengo que atender bien. Esa conciencia está en poca gente, y como visión de país no está.

“Le tengo cero susto a la muerte”

Usted iba a abordar el año pasado, después del terremoto, un avión que se accidentó. Y ha perdido a muchos seres queridos, entre ellos a Facundo Cabral, asesinado en Guatemala por una bala que iba a Henry Fariña, un productor que estaba organizando un viaje con usted a Nicaragua. Por ello ha dicho que le da risa el permanente coqueteo que tiene con la muerte. ¿Qué reflexiona de eso?
-Es muy fuerte, siempre digo que he tenido ese coqueteo, también siempre he dicho que no voy a morirme vieja. Le tengo cero susto a la muerte, pero siento que de alguna manera toda esta lista de sucesos, vista desde afuera suena a mucho, y es simplemente que uno debe estar aquí, seguir caminando, tratando de entregar lo mejor.

En una de sus conferencias, que se pueden ver por YouTube, usted habla de Jaime, un hombre ciego que le contó que él agradecía la chispa de Coca Cola en la cara y una toalia limpia, lo cual es un ejemplo de disfrutar lo simple. ¿Alguna vez usted no fue así?
-Yo siempre fui así, conectada con la gente que necesita ayuda. Y es tan fácil ser así, tiene relación con algo muy simple que es ver al otro. Sin embargo, no vemos a nadie, es como que notas que alguien te pesa las manzanas en el supermercado pero no la miras, sólo ves sus brazos entregándote la bolsa. No se logra captar que ese sujeto es un ser con familia, que a lo mejor le duele la guata, tiene una mamá con cáncer, que es otro igual a mí y necesita lo mismo que yo. Cuando logras ver al otro, se encuentra ese espacio de validación. Eso nos falta mucho. Me pasó que estaba en un taco en Providencia, cambia de luz el semáforo, ningún auto avanzó, yo quedé en la mitad, y la gente me garabateó, me levantó el dedo del medio, y yo pensé: ¡Qué horror!, le tiré un beso a uno, y quedé como si la loca fuera yo. Cómo esa persona iba a suponer que yo intencionalmente me quedé al medio para joderlo.

Usted también se ha referido a que hay que hablar desde las virtudes… en vez de reprochar: “Eres egoísta”, decirle: “Podrías ser más generoso”, pues le queda en el inconsciente esa palabra. ¿Qué le diría a alguien que sigue drogándose pese a que usted ya le explicó que eso le hace mal? O ¿qué le aconsejaría a un hijo que no quiere estudiar?
-La gente es responsable de la vida que toma. Pero hay pasos, lo primero es hablar, hacer tomar conciencia. Lo segundo tiene se relaciona con ver en qué puedes intervenir. En el caso de un drogadicto, evidentemente necesita apoyo médico, psicológico, psiquiátrico. No basta con que tú tengas buenas intenciones y lo trates de convencer. El paso de ver por dónde canalizas tu ayuda es desde donde tú puedas aportar. En eso uno ofrece ayuda al que quiere que lo ayuden, y él la irá a tomar cuando quiera, pero como no hay peor ciego que el que no quiere ver. Entonces hay tiempos en la vida para que las cosas decanten. En el caso de los adolescentes es distinto, porque uno con los hijos tiene una responsabilidad real. Yo no creo en la democracia familiar, donde todo se pregunta, se somete a consenso, creo que objetivamente allí hay un tema de orden, de que hay cosas que son de cierta forma en la vida, y así como un hijo debe levantarse para ir a estudiar, yo debo trabajar, si no esto no funciona.

“Nos llenamos de ruidos para no conectarnos”

Sus libros son autoreferentes, por ejemplo, “No quiero crecer” tiene relación con sus hijos adolescentes ¿no?
-Y “Viva la diferencia” también porque partió después de mi separación. Son disparados desde un lugar, de algo que me pasa a mí. Quizás porque me ha tocado pasar mucho de todo en la vida, como que empiezo a sentir que si algo me está ocurriendo a mí, seguramente le debe estar pasando a otros, y desde ahí configuro un estudio que, de alguna manera, me viene a confirmar que lo que me estaba pasando a mí era real o no. Empecé este mes una investigación sobre el silencio, porque creo que mañana nosotros vamos a pagar por silencio, como por agua dulce. Y porque para mí ese tema es muy importante, y no tengo idea si eso se va a traducir en un libro.

¿Cómo es ese tema del silencio?
-Yo creo que así como tenemos una conducta escapatoria del dolor, tenemos un escape del silencio. Nos llenamos de ruidos para no conectarnos con nosotros. De hecho, uno de los primeros resultados que arrojó el estudio es que el 90% de los chilenos lo primero que hace al despertarse, en vez de preguntarse cómo amaneció, es prender un aparato, para que además te tire mierda voluntariamente, para que te digan a quién mataron la noche anterior, y con esa energía salimos a trabajar todos los días. Pero hay muy poca gente que se da el espacio para colocar música, cantar o no escuchar nada, para arreglarte, ver qué color quieres hoy, qué ropa te colocarás. Entonces quiero saber qué pasa con el silencio en los niños, en los adolescentes, en las parejas, porque en la calle los individuos andan cableados escuchando mp3, el nivel de ruido es de decibeles muy altos. Vas a un lugar público y te cuesta hablar, hay algo que a mi juicio tendrá repercusiones en nuestra salud física y mental.

Hay problemas de comunicación.
-Es lata escuchar que estás mal o que estás muy bien, son ambos estados, porque no puedes decir que estás feliz, pues eso genera incomodidad en el resto, y si dices que estás triste es un peso. Es como que si vas a tener pena que sea un ratito. Y así funcionamos, es loco, porque no nos vemos. Los jóvenes conectan con los aparatos, en vez de hacerles sentir al otro que vale la pena su compañía. Vas a un lugar y hay personas que pareciera que buscan más a los que no llegaron, porque los que vinieron no importan, están ahí. No hay un contacto real, cada vez nos sentamos menos a las mesas, sabemos más de la vida de Adriana Barrientos que de nuestros hijos. No es sano eso a la larga. Por eso el silencio me importa, siento que tiene que generar repercusiones a nivel de salud, en las jaquecas, en los colon irritables. Por eso hay una línea de meditación, yoga, que intenta salirse de ese circuito.

En Argentina tiene mucho éxito con estas reflexiones. ¿Cómo ha sido esa experiencia?
-Mi camino internacional ha sido largo, desde que me titulé. Y hace un año me hice socia de un argentino que me vino a buscar después de ver un video en YouTube, y me dijo que eso había que hacerlo más sistemáticamente. Entonces rearmé con Pablo, que era el manager de Facundo Cabral, mi mundo internacional. Y eso ha producido que lo que era conocida en Colombia, Ecuador, Guatemala, un poco en México, empiece a reinventarse. De hecho, estoy saliendo de Chile 10 días al mes. Por ejemplo, iré a Paraguay, después visitaré Perú. Fundamentalmente se va a lugares públicos donde los asistentes pagan una entrada y las dos conferencias que se dan de forma paralela son la de “Viva la diferencia” y “No quiero crecer”. Es un agrado, los argentinos, los uruguayos, centroamericanos, han tenido una capacidad de valorar este trabajo, que tiene que ver con simplificar las cosas. Por eso a veces en Chile se me critica, que soy livianita o que hablo desde el sentido común, pero hablar desde ese lugar con una investigación es difícil. En el extranjero se reconoce ese trabajo. Me han tapado de premios, soy visita ilustre en casi todas las provincias de Argentina. He hecho muy lindos afectos. Soy muy cercana a Susana Giménez, así como he recibido el cariño de Mirtha Legrand. A mí no me queda más que agradecer. En Colombia me pasa lo mismo, en Caracol me ofrecieron hacer un programa, quedarme a vivir en Bogotá, y no quise. En Ecuador igual, hice un programa en Ecuavisa que aquí nunca se supo, hace cinco años, con un bloque que se llamaba “Recetas para el alma”. Estoy muy contenta de lo que ha ido pasando con mi mundo profesional, tocarle el corazón a la gente en distintos lugares y sentir que lo que pasa es igual aquí o en otros lados.

Tocar el alma de los adolescentes debe ser algo especial.
-Sí porque ahí cambias vidas. Por lo menos entregas una semillita que si germina bien, es encausada, de verdad puedes cambiar su vida.

¿Y qué siente cuando ve que el conflicto estudiantil no se soluciona?
-Siento que está tan teñido de rabia, me parece súper bien lo que están pidiendo, pero también me parece que el gobierno ha hecho muchos intentos de flexibilizar y creo que hay dureza de ambos lados. La forma no me gusta, es poco reconciliadora, no se están viendo ambos. Se llenan de enojos, resentimiento, que van limitando las posibilidades de encontrarse, y eso me da susto. Una buena negociación es cuando ambos pierden, en beneficio de algo superior. Nadie ha pensado en otras realidades, como padres que con todo el esfuerzo del mundo pagan sus mensualidades y pensión de hijos que viven en otras regiones y no han ido a clases tanto tiempo, hay gente anexa que dejó de tener ingresos, como el que vende comida afuera de la universidad, los transportes escolares.

¿Sus hijos Nicole y Cristian estudian?
-Uno está en la universidad en Ingeniería Civil porque quiere dedicarse a la minería, y mi hija está en Cuarto Medio, quiere estudiar psicología o terapia ocupacional. Ya veremos hacia donde la lleve su corazón, cualquiera de las cosas que haga me deja tranquila.

“A veces me he revelado”

El tiempo pasa rápido y usted dice que además se hace escaso. Es muy común un fenómeno que describe como la masculiniza-ción de la mujer, la confusión en el manejo de los roles y la falta de autocuidado, conflictos que afectan a las relaciones de parejas. ¿Qué tarea deberíamos hacer para mantener nuestra esencia?
-La clave está en el placer. El gran desafío que tenemos las mujeres hoy es reconciliarnos con nuestras cabezas y dejar de quejarnos. Cuando uno escucha hablar, en ninguna parte está la mujer feliz. La que trabaja fuera de casa se queja porque está afuera, y la que está en el hogar se queja de los niños, que anda en auto para arriba y abajo. Uno se pregunta dónde está el centro, y creo está en la actitud, y en el cómo yo hago lo que sea que tenga que hacer desde el lugar del placer, porque lo que hago de alguna manera lo elegí, de lo contrario tengo que empezar a hacer otra cosa. Eso, independiente de que me canse o no todo sea grato, porque ningún trabajo tiene todo 100 por ciento grato, todo tiene costos. Por lo tanto, el tema de la actitud es lo que falta. La mujer tiene que mantener su encanto, su ternura, porque es parte de su esencia, y el hombre podrá sacar su dulzura desde su rol de varón, sino se genera una competencia interminable.

Es que en esa competencia de pareja suele ocurrir que uno de los dos a veces no se siente valorado. ¿Eso es malo?
-Es que hay que aprender a valorarse uno mismo primero, cuando colocas todos los huevos en el otro, para que el otro me haga feliz, me reconozca, me aplauda, me encuentre linda, creo que es cargarle un peso exagerado a las relaciones afectivas. Nosotros somos seres solos, que vamos siendo acompañados por distintas personas. A los occidentales nos cuesta entenderlo. Eso de sentir: “Son mis hijos”, no es así.

¿Cómo se puede limpiar la mente de todo eso?
-Soltarlo es un ejercicio súper sano. Por ejemplo evitar los “mi”, los “no”, el visualizar que la responsabilidad de ser feliz es mía. Hay días que no se hace fácil, yo estoy pasando por una pena muy grande y me cuesta. Hay días que no tengo ganas, pero sé que no tengo otra alternativa y sé que además al final del día mi evaluación, independiente de la pena, va a ser mejor si hago el esfuerzo. Si me quedo tirada en la cama y el día anochece, voy a tener la sensación de que mi día fue una mierda, cuando objetivamente con la misma pena puedo salir a comer, y mi evaluación al dormirme va a ser mejor. Eso es un tema de actitud, de decisión. De pararse y decir: “No voy a perder la posibilidad de conectarme con cosas lindas aunque tenga ganas de llorar”.

Las hijas de Felipe Cubillos son muestra de que en medio del duelo se han presentado en diversos eventos de “Desafío Levantemos Chile”, con gran entusiasmo.
-Yo dudo que ellas tengan las ganas de levantarse siempre con la misma energía, pero es un tema de decisión y sentir que el testimonio del papá, que era maravilloso, tiene que prevalecer. Y tienen que sonreír porque es lo mejor que les dejó Felipe, es parte de la herencia, lo cual es un peso de la puta madre. Yo siempre les digo a mis hijos que ser Pilar Sordo no es fácil, porque el resto espera que una esté bien siempre y que frente a cualquier circunstancia que te pase tengas la capacidad de salir adelante. Eso es una exigencia ante la cual varias veces me he rebelado, porque hay días que no tengo ganas, y también me ayuda indudablemente, porque te obliga y al final te saca.

¿Se siente muy exigida?
-Sí pero no es por el resto, es por mí, es un conflicto que tengo yo. Cuando estoy mal me encantaría mandar todo a la cresta, de hecho me doy ese permiso, pero sé que tiene que ser un ratito, porque mañana yo tengo que salir a ayudar a 40, entonces no puedo. No tolero cuando dicen: “Esta psicóloga tan mediática”, pero gracias al periodismo mi misión se amplifica, ellos me ayudan a llegar a lugares que nunca pensé que podría llegar, y eso es para mí un agradecimiento tremendo. Siento que mi misión es tocar corazones, para que la gente vea o decida no ver, no importa, porque además lo que hago no tiene que ver con grandes verdades iluminadoras, es hacer un estudio que dura muchos años, que lo pago yo porque quiero tener la libertad de hablar, y lo coloco al servicio de los demás, para que alguien diga: “Eso que dice Pilar me pasa y lo puedo corregir”. Con eso está pagada mi vida.

Por: María Laura Fernández
Revista Uno Mismo