La gran mayoría de las personas se pasan la vida dividiendo su postura frente a la felicidad en dos grandes bloques. Uno de ellos plantea que no se puede ser feliz hoy, porque en el pasado, hace 5, 10 o 15 años nos liquidaron la vida imposibilitando la decisión de ser feliz hoy.

El otro plantea que será feliz “cuando”… cuando me case, cuando pague las deudas, cuando tenga casa propia, cuando me suban el sueldo, etc, voy a poder ser feliz.

Pensando en esto, es que se me presento una frase que decimos desde niños y que nos aleja del disfrute del presente. Esa frase es “¿Cuánto falta?”.

¿Cuánto falta para que quedes embarazada?, ¿Cuánto falta para que te cases?, ¿cuánto falta para que tu hijo camine, controle esfínteres?, ¿cuánto falta para que salga del colegio? (no nos damos cuenta que nos pasaremos la vida recordando esos días como seguramente uno de los más felices de nuestras vidas).

¿Cuánto falta para ser independiente e irme de la casa de mis padres?, perdiendo la capacidad de disfrutar del estar y agradecer a quienes nos dieron la vida.

Sin duda alguna las metas son importantes, pero por estar educados sólo para las metas, dejamos de mirar el camino, se nos olvida el proceso y con ellos perdemos la maravillosa posibilidad de conectarnos con lo único que tenemos que es el presente.
Pareciera que toda nuestra vida está conectada con el futuro, con pensar que llegara el dia en que estaremos plenos y felices y que lo que vivimos hoy es sólo una inversión para aquellos tiempos que evidentemente no sabemos si llegarán.

Tenemos seguros de vida, ahorros que aunque no sean muchos, pretenden protegernos de aquel futuro al cual le tenemos tanto miedo.

Si uno piensa al final del día, estamos gobernados por una educación del miedo que nos hace sentir que si tenemos cosas y cultivamos lo de afuera tendremos más controlado ese futuro y ese ¿cuánto falta?, se nos hace predecible y conocido y por lo menos un poco más positivo.

La verdad es que con el paso de los años uno descubre que lo único que debiéramos cultivar son los afectos y que son estos los que nos van a asegurar un futuro contenido y protegido.

Ese ¿Cuánto falta?, debiéramos eliminarlo y aprender a disfrutar del camino, de ese presente que no observamos y que nos hace perder tanta información sobre la vida y generalmente de lo más importante.

Estamos llenos de cosas urgentes, pero de pocas importantes y estás están sucediendo justo mientras nos preguntamos esa pregunta que hoy manda mi reflexión.

Quiero invitarlos a que se observen cuantas veces al día, se preguntan cosas que no están en el presente, sino en un futuro cercano o lejano. Cuantas veces al día estamos en otro lado, en otro lugar, con otras personas distintas a las que tenemos al lado en ese presente que debemos reconocer y agradecer todos los días.

Les aseguro que descubrirán que por ejemplo cuando conducen un auto no están conectados con lo que hacen sino que piensan en lo que van a hacer cuando lleguen al lugar o después de ello. O cuando estén en la ducha, que no están disfrutando del agua y del placer de ese momento y si están pensando en todo lo que tienen que hacer después de ello. Siempre puestos en el futuro y el presente casi desvanecido.

Ojalá sea un buen ejercicio, ¡suerte!