Cuando recordamos aquellas primeras veces siempre aparecen en nuestros corazones cierto suspiro de nostalgia y de evaluación de lo vivido. Es que aunque no queramos esas primeras veces siempre quedan guardadas en nuestro corazón e indudablemente también las personas que participaron en ello.

Si yo las hago recordar su primer beso, ojalá puedan recordarlo, sin duda alguna su hoy corazón de mujeres se colocara como una niña que se enternece con esa imagen o por el contrario será la evaluación de un momento que prefieren olvidar.

Es que no siempre las primeras veces son eso con lo que soñamos tanto tiempo. Muchas de ellas vienen cargadas de dolor y de malos momentos que valen la pena olvidar o que incluso pueden ameritar pedir ayuda terapéutica según sea el caso.

Nos han hablado tanto de la “primera vez” aludiendo a nuestra primera experiencia sexual como algo maravilloso, como si fuera un momento de inconsciencia, donde sabemos cómo empezará pero nunca como será su proceso y menos su final. Lo mismo pasa con el primer beso, el primer hijo, etc.

La verdad es que pocas veces esa primera vez sexual tiene la magia de los cuentos, se parece más bien a una clase práctica de biología que a un encuentro amoroso, donde las molestias físicas son más intensas que las reacciones emocionales y donde vivirlas pueden determinar el cómo será mi evaluación de esa experiencia en el futuro.

Quizás en esta parte del análisis empieza a importar pensar en el cómo se vive esa primera desde  nuestra voluntad y desde nuestro control y por sobre todo como podemos hacerlo bien para que forme parte positiva de nuestra vida emocional.

Llama la atención como hoy en día no parece tener tanta importancia todo lo que se vive por primera vez.  Muchas chicas besan y los chicos besan sin ni siquiera preguntar el nombre y muchos de ellos sólo lo preguntan después de haber besado. Lo mismo pasa con el primer contacto sexual y con mayor razón con la primera relación sexual.

Es importante entender que la virginidad no se pierde como siempre se dice, yo puedo en realidad perder un llavero o mi teléfono móvil y puedo tener suerte y volver a encontrarlo. La virginidad se regala, lo mismo que un beso o una caricia y por lo tanto parece central el tener conciencia de a quién se lo voy a dar.

El pudor, concepto que parece antiguo, que da vergüenza nombrar, sigue existiendo con fuerza en mucha gente, porque tampoco es un tema que sólo involucre a los adolescentes sino que a cualquier ser humano. Este concepto tiene más que ver con cuidar el alma, que con cuidar el cuerpo o andar toda tapada diciendo que soy pudorosa haciendo una analogía con la vergüenza o la pena.

El pudor me tiene que hacer cuidar mi intimidad de la mejor forma que puedo y por lo tanto aquellas primeras veces son importantes no sólo  como experiencia y para adquirir cierto recorrido en la vida sino que  como una forma de autocuidado que me hace responsabilizarme de cada uno de mis actos frente a mi desarrollo y por lo tanto me debiera preocupar la forma de ejercerlo para que mis experiencias acumulen gratificaciones y no dolores gratuitos que adquiero por no pensar lo que hago.

La cultura que todos hemos creado y de la cual somos responsables, nos dice que todo es fácil y desechable, por lo tanto las primeras veces no parecen ser importantes porque pasan rápido y hay que sumar experiencias y parece no importar como. Sin embargo creo que en el fondo de los corazones de cada ser humano algo pasa con esas primeras veces, algo se nos mueve dentro y que hay que lograr integrar en nuestra estructura mental para poder seguir adelante. Pueden aparecer emociones desconocidas hasta ahora como la culpa, el gozo, las ganas de repetirlo, o por el contrario el desarrollo de una fobia que impida seguir viviendo el proceso de forma sana y natural.

Los hombres parecen tener por su capacidad de soltar mayor tendencia a olvidar rápido y a asimilar esta experiencia dentro de su mundo emocional con mayor eficiencia que las mujeres, las cuales por su naturaleza retentiva, somos buenas para darle vueltas y vueltas a lo vivido y a esperar con mayor intensidad “cosas mágicas” de esas situaciones.

Capítulo aparte merecen las personas que han tenido sus primeras veces con violencia y sin que hayan aprobado dicha acción. En estas circunstancias las “primeras veces”, adquieren una importancia histórica dentro de ellas y claramente van a necesitar de un tercero que las ayude a incorporar dentro de sus vidas dichas experiencias como una fuente de experiencia y de aprendizaje. El dolor no se elige ni se busca, pero el sufrimiento es una elección de cada ser humano.

Con todos estos matices estamos en condiciones de decir que las primeras veces no siempre son los que soñamos por años que serían y que tenemos que resguardar todo lo que esté en nuestras manos para que sea vivida de la mejor forma.

El conocer al otro parece clave en ese autocuidado, y sentir que con èl o con ella se inicia un compromiso que le da sentido a lo entregado también parece ser fundamental para que la evaluación sea positiva.

Todos necesitamos ser queridos, que nos respeten y que nos cuiden sobre todo cuando se refiere al mundo emocional, pero también es cierto que para que eso ocurra debemos partir con nosotros mismos y por lo tanto colocar todos los límites necesarios para que no nos hagan daño.

El ejercicio actual de la experimentación sin sentido no deja de preocuparme porque por un lado existe un discurso público donde todo parece dar lo mismo pero en la intimidad de cada persona la situación se vive distinta y con consecuencias inimaginables.

Es importante enseñarle a los  adolescentes que aprendan a cuidar su mundo interno y que la mejor forma de hacerlo es cuidando su cuerpo como el vehículo de este y que para eso es importante la paciencia. El esperar a la persona conscientemente que parece ser la adecuada es la receta más sabia para que esa primera vez sea lo más positiva posible.

Lo que se comunique después con el otro o la otra también parece ser clave para cerrar la experiencia como broche de oro donde podamos integrar todo lo vivido con el otro y no en solitario.

No puedo dejar pasar para darle un valor a la experiencia y al paso del tiempo. Si bien las primeras veces tienen ese encanto ritualista de iniciarnos en un camino de aprendizaje y de autodescubrimiento, creo que la experiencia es la que más se acerca a la vivencia del placer profundo y duradero.

Las primeras veces marcan y deben ser consideradas dentro de nuestro mundo emocional, debido a esto hay que tomar todas las precauciones para que siempre y en la medida de lo posible jueguen a nuestro favor. Sin embargo creo que la experiencia de amor comprometido con otro es la mejor forma de acumular aprendizajes  y experiencias que algún día podremos contar a nuestros nietos.