Category Archives: Prensa

Captura de pantalla 2018-04-19 a las 10.07.33

Pilar Sordo Psicóloga: “Ser profeta en Chile no es fácil porque somos chaqueteros”

Cómo ha cambiado Chile.

“Ha cambiado en tantas cosas. Hoy se discuten los temas con mayor honestidad.

Nos hemos vuelto más egoístas también, más agresivos desde el análisis de las emociones. Creo que el estado de ánimo natural de los chilenos en los últimos años no ha mejorado mucho. Hemos recuperado alguna capacidad de goce, pero hay como un desgano subterráneo, que a mí, como psicóloga, me preocupa todavía mucho”.

Liderazgo.

“Me emociona estar entre las 50 mujeres más influyentes de Chile, agradezco el cariño. He trabajado 30 años por tener un movimiento transversal en Chile y América Latina.

Ser profeta en Chile no es fácil porque somos chaqueteros, porque el éxito es sospechoso, pero agradezco ser reconocida en mi país”.

¿Se ha sentido discriminada? “Discriminación por ser mujer en términos explícitos, no. Pero siempre se me hizo sentir, y más por otras mujeres que por hombres, que por mis viajes, hubo una especie de abandono de hijos o familia, incluso se me hacía responsable a mí de quiebres de pareja… lo que para un hombre es interpretado como éxito laboral, a mí me lo hacían sentir como que abandonaba a los hijos. Eso no se les pregunta a los hombres”.

Micromachismo.

“Falta mucho. Seguir diciendo ‘el hombre me ayuda en la casa’… ‘yo trabajo fuera de la casa’ y con eso invalido a las que no lo hacen… que la dueña de casa siga sintiendo que no hace nada y ella misma lo diga en un tono desvalorizado… ‘mi pareja es tan buena que me ayuda con los niños’… en eso falta mucho… Hay un discurso público maravilloso, una pelea en las calles, pero hay que hacer que eso entre en los corazones de una mujer que vive en La Dehesa, en Renca, en Coyhaique”.

Captura de pantalla 2018-05-30 a las 9.59.43

Pilar Sordo: “Está muy bien intentar vivir desde la alegría, pero el dolor también es una instancia de aprendizaje”

Captura de pantalla 2018-05-30 a las 9.58.29

“En el último tiempo las mujeres nos estamos animando a dejar de sentir que necesitamos ser requeridas por los otros todo el tiempo, y estamos empezando a ocuparnos de nosotras. De ver qué queremos. Qué nos sucede. Y ser claras al expresar qué es lo que deseamos realmente”, asegura optimista Pilar Sordo (52) que pasó por la Argentina para presentar Educar para sentir, sentir para educar en la Feria del Libro.

Referente para miles de mujeres, sus ocho libros de autoayuda ya se convirtieron en guías para conocernos mejor, desprendernos de mandatos y vivir más felices.

La psicóloga chilena y madre de dos hijos (Nicole, 24 años y Cristian, 26) nos explica que para ser feliz, a diferencia de lo que la mayoría cree, no hay que tener todo resuelto ni aparentar una vida perfecta en Facebook. “La gente que mejor está, irónicamente, es la que se anima a llorar, no la que reprime sus lágrimas”.

-El dolor llega, nunca nos pide permiso para irrumpir en nuestra vida. ¿Por qué creés que le tenemos tanto miedo al sufrimiento?

-Porque vivimos en una sociedad que nos invita todo el tiempo al placer. Y entonces, si no la estoy pasando bien, tengo que abandonar todo eso que no me provoque una sonrisa constante. Marido, hijos, trabajo… No importa, da igual. Y eso es tremendo. Está muy bien intentar vivir desde la alegría, pero el dolor también es una instancia de aprendizaje, y cuanto antes me anime a darle la bienvenida, mejor. Por eso, recibir el dolor desde nuestra imperfección y dejarlo transitar por nuestra vida es lo mejor que podemos hacer para que no nos deje secuelas físicas ni emocionales.

-Muchas personas relacionan el llanto con un signo de debilidad….

-Totalmente. Es que la gente piensa que el llanto es una emoción ineficiente o caprichosa… Y nada más alejado de eso. Llorar, entre otras cosas, es una descarga necesaria y vital. Tenemos que animarnos a sentir. Vivir anestesiados no puede ni debe ser la única opción. Ser feliz es una decisión.

Captura de pantalla 2018-05-30 a las 9.59.43

-¿Será que también le tenemos miedo a ser felices?

-En realidad tenemos miedo a que se acabe. Siempre supimos que la felicidad es un instante, entonces, por las dudas, si en este momento soy feliz, mejor digo que no, ¡no vaya a ser que en unos pocos minutos deje de serlo! (risas). Ustedes, los argentinos, contestan algo muy interesante cuando les preguntan cómo están… Y casi siempre dicen lo mismo: “Bien, estoy bien, por suerte”. Y ese “por suerte” me saca la responsabilidad, me hace sentir menos culpa. Menos ansiedad. Porque de esa manera me convenzo de que mi felicidad, de alguna manera, no depende de mí. La felicidad no tiene que ver con la alegría, sino con la paz. Y hasta con el silencio. Nos quieren vender que la felicidad es ruido, gritos y euforia, pero nada más alejado de eso.

-¿Hay alguna manera de que los padres podamos enseñarles a ser felices a nuestros hijos?

-Lo más importante es entender que uno enseña con testimonios, no sólo con palabras. Si mis hijos ven que me río a carcajadas, seguramente se atrevan a reír. Y si me ven llorar todo el tiempo, probablemente también me imiten. Por eso, el desafío más interesante para los padres es mantener una coherencia entre lo que se dice y se hace.

-¿Cuál es tu mayor miedo?

-No tengo muchos miedos. Creo que mi mayor miedo es perder la capacidad de observarme. No quisiera que me ganara el afuera. O que la pasión con la que vivo y transito mi profesión (los viajes, las conferencias, las investigaciones) me roben la posibilidad de concentrarme en mí misma. Que todo ese ruido no me permita escucharme.

-¿Tiene algún costo no escuchar lo que nuestro cuerpo necesita, no aprender a conocernos mejor?

-El costo es la enfermedad física y mental. Puede ser un cáncer, un infarto, cólon irritable, obesidad… El cuerpo termina gritando lo que el alma calla. Por algún lugar todo ese dolor va a salir, porque somos una unidad. Y entender que somos una unidad es urgente si pretendemos transitar la vida sin hacernos daño. Nos enseñaron que mostrar y aceptar nuestros sentimientos es un signo de debilidad, y no, todo lo contrario, ahí está la verdadera fortaleza.

Texto: Luciana Prodan
Paralí

Captura de pantalla 2018-05-16 a las 9.53.05

Las mujeres han de aprender a soltar y los hombres a retener

Conocer la psicología del hombre y de la mujer nos ayuda a comprender el valor del otro para así poder lograr una convivencia armoniosa en la vida familiar, laboral y social. La psicóloga chilena Pilar Sordo comenta en su libro “Viva la diferencia” que en la medida que el hombre se ponga en los zapatos de la mujer y viceversa, las diferencias se abrirán al complemento.

El hombre debe aprender de la mujer y valorar su visión. La mujer debe reconocer el valor del hombre en cuanto a sus visiones de la realidad.

En “Viva la diferencia”, Pilar Sordo utiliza dos verbos, retener -mujeres- y soltar -hombres-, para caracterizar a cada uno de los sexos y dice que la complementariedad pasa porque los hombres “aprendan” a retener y las mujeres a soltar.

Retener
Las mujeres “retienen” de varias maneras. No solo desde un punto de vista biológico. También psicológico. Por una parte, explica la psicóloga, “las mujeres estamos diseñadas para retenerlo todo. (…) Guardamos las cosas ‘por si acaso”. ¿Cuántas cosas llevas en el bolso por si acaso?

Además, esta visión “retentiva” de la realidad afecta a nuestra memoria. “Las mujeres nos acordamos de todo”, continúa Pilar Sordo. Esto hace que a las mujeres les cueste pasar página, pues al recordar por ejemplo un conflicto pasado, vuelven a enfadarse pues vuelven a sufrir el dolor que provocó aquel incidente pasado. “Por eso también nos cuesta tanto perdonar “, concluye.

Y por último, la capacidad de retención de la mujer afecta al aspecto comunicativo. Las mujeres son muy “preguntonas”, bromea. Lo quieren saber todo.

Estamos ante una mujer que “lo hace todo en su casa. Sola, heroica. Se queja de todo lo que pasa en su casa porque lo hace todo pero no deja hacer” . Piensa “si no lo hago yo, no lo hace nadie” y “nadie lo hará mejor que yo”.

Entonces, explica Pilar Sordo, “las mujeres quedamos atrapadas psicológicamente porque no podemos dejar de hacer nada de lo que hacemos”. Es en este punto en el que corre el riesgo de llegar al agotamiento físico y psíquico que afecta a tantas mujeres a día de hoy.

Soltar
En contrapartida, continúa la psicóloga, “esa sensación de retención se contrapone con la capacidad maravillosa que tienen los hombres de soltar”. Ellos tienden a “soltar amarras” para poder navegar por la vida. Y es que están diseñados para el avance y no para detenerse.

Por eso, no llevan un bolso con muchas cosas ‘por si acaso’. Si tienen un problema, intentarán resolverlo lo antes posible con las herramientas que dispongan en ese momento.

En cuanto a la memoria, “ellos viven y olvidan para así poder avanzar”, añade. Por eso, cuando dos hombres se enfadan y se perdonan, al poco tiempo pueden tener una conversación como si no hubiera pasado nada. “Perdonan y siguen”.

Y por último, el hombre empleará su capacidad de comunicación para expresar aquello que es necesario y poco más.

Diferencias que los complementan
Hombres

Actúan más buscando objetivos y metas
Son prácticos y no tan afectivos
Ordenan, separan y sueltan
Suelen concentrarse en una sola cosa
Resuelve asuntos callando
La rabia es una característica masculina
No le es difícil encontrar tiempo libre para él mismo
Es más visual
Es más realista y concreto
Intimidad = sexualidad
Mujeres

Se centran más en los procesos y los detalles
Su motor de la vida es lo afectivo
Juntan y reúnen cosas, objetos, ideas y emociones y las retener por mucho tiempo
Son multifocales y pueden concentrarse en varias cosas a la vez
Resuelven conflictos e inquietudes hablando
La tristeza es un estado emocional más de la mujer
Le cuesta encontrar tiempo para ellas
Es más auditiva
Es más idealista
Intimidad = hablar

Captura de pantalla 2018-05-08 a las 10.15.29

Pilar Sordo: “La gente fuerte es la que dice ‘Te quiero’ sin pudor”

Captura de pantalla 2018-05-08 a las 10.15.29

Ni la lluvia ni la repentina caída de la temperatura impidió que muchísima gente se acercara expectante al auditorio de Grandes Libros, ubicado en el hall central de la Feria del Libro, para escuchar a la psicóloga y escritora chilena Pilar Sordo hablando de su nuevo ensayo, Educar para sentir, sentir para educar (Planeta). El encuentro se realizó momentos antes de la presentación “oficial” en sala José Hernández y estuvo guiado por Patricio Zunini.

Este nuevo trabajo de Sordo es el resultado de una larga investigación que le tomó más de cinco años y la llevó por toda América latina. La autora de ¡Viva la diferencia! y Bienvenido dolor profundiza aquí un análisis que ya ha abordado en ensayos anteriores: la necesidad de aprender a sostener una conexión con el mundo sentimental, que ha quedado subordinado -y hasta olvidado- respecto del racional.

Esta es una tarea que debe observarse desde los primeros años, tanto en casa como en la escuela: “Lo cognitivo por sí sólo no es educación de calidad”, dijo Sordo. “Para conectarse con las emociones, hoy requerimos más viajes al mundo interior y mejores testimonios para nuestros hijos”.

–El escritor Andrés Barba decía que en la escuela se sanciona a los chicos porque todavía no son los adultos que serán. ¿La escuela es un agente normalizador que “rompe” la infancia?

-Va más allá de la escuela. Cuando un bebé sale de la maternidad de un hospital con jeans y zapatillas, claramente le damos un mensaje de crecimiento que no corresponde. Lo mismo que cuando vestimos a las chiquititas o a los niñitos de cinco años como si fueran mujeres y varones grandes. Nosotros mismos, como mamás y papás, tenemos la contradicción de querer y no querer que crezcan rápido. En esa ambivalencia, muchas veces castramos lo que tiene que ver con la expresión de las emociones. En este estudio desarrollo cuatro: la rabia, la pena, el miedo y la alegría. En cada una tenemos distorsiones grandes. Por ejemplo, no puede ser posible que cada vez que alguien está por ponerse a llorar, lo primero que escuche sea “No llores”.

-¡Oh! Yo lo digo todo el tiempo.

-Llorar es un acto tremendamente necesario. Es una liberación de energía: si lloráramos más habría menos migraña, menos colon irritable, menos sobrepeso, menos dolores de espalda. Tampoco puede ser posible que si alguien se ríe fuerte sea catalogado de inmaduro, de irracional, de livianito, de superficial o poco inteligente. Lo mismo con el miedo. Es un tremendo error definir a la gente fuerte como personas invulnerables. La gente fuerte es la vulnerable, la que llora cuando tiene que llorar, la que ríe cuando tiene que reír, la que pide ayuda cuando la necesita, la que dice que tiene miedo. La que dice “Te quiero” sin pudor. Difícilmente esas personas vayan a desarrollar una depresión porque aprendieron a moverse con todo lo que la vida trae. Esto es equivalente a lo que pasa con los edificios y los terremotos: se caen los rígidos, los que nunca se van a caer son los que se mueven con la onda sísmica. Y eso mismo ocurre con las estructuras mentales. Esta investigación es una invitación a mirar nuestros propios mundos emocionales y a no anestesiar la vida.

–De alguna manera, lo que dice me hace pensar en cómo se sobrelleva la pérdida de una persona amada.

-Pero ahí tenemos errores culturales de años. “No puedes seguir llorando así porque él no descansa”, “Él no puede ascender”, “A él le gustaría verte contenta y no llorando”. Claro que le gustaría verme contenta, ¡pero cuando estaba conmigo! Ahora que está del otro lado debería entender que tengo pena y que soy una sobreviviente de ese duelo. No se le puede decir esa frase espantosa a quien ha perdido un hijo y que, además del dolor, tiene que bancarse la culpa de que el llanto altere el estado del alma del que ya no está. Cometemos el error de suponer que la gente que llora está mal y la que no llora está bien, cuando muchas veces es al revés. Ante una situación de dolor, hablar de lo que nos pasa es una alternativa maravillosa de aprendizaje.

-¿Y frente a los hijos?

-Hay padres que no quieren que los hijos los vean llorar y entonces les dicen que tienen alergia. Sólo excuso el que no nos vean llorar cuando hay temas de pareja, porque generaría conflictos de lealtades complicados. Pero ante cualquier otro dolor, mis hijos tienen que verme desangrada llorando porque si a los cinco días me ven riendo, pueden entender que las tristezas se pasan y que ellos también tienen permiso para hacerlo.

-¿Eso tiene que ver con el capítulo sobre la pérdida de las habilidades blandas?

-Hay un capítulo del libro que se llama “El fin de las habilidades blandas”, pero porque yo quiero terminar de llamarlas así, no porque se estén perdiendo. De hecho, les cambio el nombre por “competencias personales”, porque llamarlas blandas las coloca como secundarias a las técnicas. Y hoy a uno lo contratan por tener habilidades técnicas y lo despiden por no tener las blandas: te despiden por no tener la capacidad para formar un equipo de trabajo, por no tolerar frustraciones, por falta de empatía. Todas esas habilidades son emocionales. Otra vez vuelve a ser urgente el recuperar las emociones, porque está probado que la fuerza laboral competente no lo es por lo que se sabe sino por quién se es con lo que se sabe. Esta es la primera investigación en la que me introduzco en el mundo de lo laboral, fundamentalmente porque el proceso tenía que terminar ahí en la medida en que se probaba el jaque en el que quedaban los chicos que eran expertos en hablar en inglés, que sabían todas las fórmulas e incluso tenían algún máster, pero no tenían ni idea sobre cómo expresar sentimientos dentro de las organizaciones laborales.

–Luego de esta investigación, cambió su forma de interpretar el feminismo?

-No, yo creo que lo que está pasando es maravilloso. Era hora de que se empezaran a ver resultados. Y eso tiene que ver con el ponerse a hablar, con el #metoo y el #niunamenos y tantas otras cosas. Lo que sí me pasó con la investigación es que me hice más consciente del testimonio emocional que soy para mis dos hijos.

–Le iba a preguntar, justamente, si había cambiado su forma de ver la maternidad.

-No sé si la forma de ver la maternidad, creo que cambié la forma de verme a mí. Y de cómo yo, en ese tratar de ser consecuente con lo que las investigaciones me enseñan -como siempre digo, soy la primera alumna que abofetea el estudio y que la obliga a mover estructuras-, me ayudó a entender que era súper sano para mis hijos el que me mostrara más vulnerable con ellos. Ellos, de hecho, han notado un cambio después de la investigación.

Captura de pantalla 2018-04-19 a las 10.18.40

Pilar Sordo: “Ser feliz, una decisión de cada día”

Captura de pantalla 2018-04-19 a las 10.18.21

Desde el “Viva la diferencia”, investigación que Pilar Sordo difundió a través de diferentes formatos, hasta la fecha, no ha dejado de dar en la tecla en temas vitales para encontrar el equilibrio emocional, a juzgar por sus seguidores. Esta vez, presentó “El desafío de ser feliz”, un estudio que ya tiene 12 años en América Latina, y sigue arrojando nuevos resultados. La última actualización fue realizada a mediados del año pasado, ya que las condiciones sociales, culturales, laborales van modificando las conductas. Tanto que las personas manifiestan ser cada vez menos felices aún cuando parecen tenerlo todo.
En esta oportunidad llegó a la provincia invitada por Sancor Salud en el marco del programa “Saludablemente”, que consiste en un ciclo de charlas cuya recaudación es destinada a Unicef Argentina. Pilar dialogó en exclusiva con Revista OH!.

Captura de pantalla 2018-04-19 a las 10.18.40

-Contanos un poco de este estudio sobre la felicidad.
Esta investigación ya tiene 12 años en América Latina y a mi me gusta muchísimo contar de qué se trata porque me ha enseñado mucho y me permite estar alerta y conciente de todo los conceptos que de allí surgen. Además me pone muy contenta llegar a la gente, más a través de este programa hermoso que ayuda a Unicef.
-¿Cuál es el concepto de felicidad? ¿Tus charlas empiezan hablando de eso, o cómo se desarrollan?
No, no empiezan por ahí. Las conferencias parten desde otro lugar. Primero hablo de las emociones como el primer filtro que hay que trabajar para poder llegar al concepto, después hablo de los errores que se cometen en cuanto a su definición. Sobre este último, creo yo que el más grave es confundir felicidad con alegría y suponer que sólo estamos felices cuando estamos contentos sin entender que puedo ser feliz y estar triste, o ser feliz y tener problemas. Otro error es confundir la felicidad con “el tener cosas”, cuando el estudio muestra que es más fácil tomar la decisión de ser feliz cuando uno necesita menos, no cuando tiene más. Desde ahí comienzo a mostrar lo que el estudio reveló.
- ¿Qué es lo que demuestra esa investigación?
Que la felicidad es un estado permanente en el tiempo que se caracteriza o tiene más que ver con la armonía, la paz, la tranquilidad que con la euforia, el placer o la extrema alegría, y que para lograrlo requiere de varias condiciones como ser agradecido, concentrarse en lo que uno tiene y no en lo que le falta, el buen humor, la fuerza de voluntad para mantener esa decisión a lo largo del día y no pretender estados ideales. Otro elemento que ayuda mucho a la gente es la fe, que le da sentido a esa decisión, mientras que los que no tienen fe deben trabajar la fuerza de voluntad para poder desarrollarla. En la charla separo cada uno de estos componentes y explico como el estudio gráficamente nos da a todos la posibilidad de tomar contacto con el concepto.

 

-¿Uno puede plantearse algún tipo de entrenamiento para lograr ese equilibrio o estado duradero en el tiempo?
Sí, si uno de verdad aplica todo lo que el estudio dice y tiene conciencia de lo que la investigación muestra efectivamente uno se hace consciente de que está tomando la decisión de ser feliz. Por lo tanto poder decir “soy feliz”, aunque hoy puedo estar triste o tener problemas.

-¿Por qué se llega a esta situación de no valorar lo que se tiene y hacer más hincapié en lo que no se tiene?
Porque nos educan desde que nacemos en base a la carencia y no a la abundancia. Todo el tiempo el sistema económico que hemos instalado hace sentir que nos están faltando cosas y que pareciera que quien las tiene es más feliz que yo que no las tengo, por lo tanto estamos todo el tiempo en una especie de carrera interminable por tratar de cumplir con las expectativas de lo que se dice que es el estar bien en la vida. Eso, además de generar un tremendo agotamiento, genera una situación de frustración.

- En definitiva si los adultos no asumimos esto, menos podremos transmitirlo a los próximas generaciones.
Totalmente cierto. Nosotros deberíamos ser modelo de cambio y de conducta para que los niños vean que si expresamos emociones en casa, que si somos capaces de decir lo que sentimos, que los valores de la familia apuntan hacia un sector más emocional que hacia uno de más rentabilidad, la cosa cambia. En esto la labor de los adultos es clave para que eso se pueda aprender desde muy chico.
En este proceso de cambio de valores, ¿la escuela es tan importante como la casa?
Yo creo que la casa es fundamental, pero la escuela es un reforzador innegable. Si mi maestra me castiga o me sanciona porque me dio un ataque de risa en la sala y me hace sentir que soy estúpida desde los cuatro años -que todavía quedan maestros así-, por supuesto que a la larga la escuela puede ayudar o dificultar este proceso.
- Hay gente que se reconoce como negativa o pesimista, ¿cuesta más lograr un cambio desde esta perspectiva?
Sí, porque reconocerse pesimista ya es pesimista, por lo tanto objetivamente lo que esa persona debería decir es que hasta ayer era pesimista y hoy ya es menos pesimista que ayer. Eso lo hace optimista, y ya cambió. No es tan difícil, lo que pasa que el lenguaje es muy potente en el cómo uno se autodiagnostica y autoboicotea. Decir yo estoy fea o soy fea, no es lo mismo, porque si estoy fea hoy puedo dejar de estarlo mañana, en cambio si digo soy fea no tengo ninguna posibilidad de dejar de serlo. Lo mismo sucede cuando digo soy o estoy gorda, o soy o estoy depresiva, y todo lo que de alguna manera me voy abriendo, o no, en el lenguaje para empezar a centrarme más en las oportunidades de cambio y no en los juicios. Si hay algo que al ser humano le hace increíblemente bien es aumentar cada día su capacidad de aceptar lo que está viviendo, y lo que le hace pésimo al ser humano es ponerle juicio a todo eso que le está pasando. Mientras más juicios, menos capacidad de decisión, mientras más aceptación más capacidad de decisión, que no tiene nada que ver con resignación sino con abrir la posibilidad de experimentar el dolor que pueda estar viviendo pero afirmarme en lo bueno que vivo. Agradecer siempre lo bueno y tomar lo malo para caminar con ambas cosas.

 

- Cada vez hay más personas enfermas con patologías derivadas del estrés. ¿Tendrá esto una relación con la falta de decisión de ser feliz?
Tiene que ver con muchas cosas. Hay un sobrediagnóstico respecto a ese tema. En realidad tiene que ver con una forma de enfrentar la vida que sólo ataca síntomas y no causas, tiene que ver con una sensación permanente que pareciera que mientras más corremos y más hacemos estamos más conectados con nosotros cuando es realmente al revés. Eso genera una sensación de validación social. Si yo digo estoy cansada y el resto también, nos sentimos parte de un sistema en el cual nos consolamos y nos encontramos todos maravillosos, tan trabajadores y tan nobles. Si yo digo que no estoy cansada, que estoy bien, es raro, ahora es cool decir que uno está cansado. Adquiere cierto grado de importancia. Hay una sensación que valemos más en la medida que más estresados estamos. Está de moda, tanto que a la gente le suena mal escuchar que le digan estoy super bien.
- ¿Cuántas investigaciones realizaste hasta la fecha y qué metodología utilizás?
Este estudio lleva 12 años porque en realidad ninguna de mis investigaciones termina. Tengo 9 estudios sin terminar, de hecho ahora estoy haciendo la actualización del “Viva la diferencia”, que es mi primera investigación, porque ya quedó obsoleta en ciertas cosas, tanto que hay algunas que ya son machistas o han dejado de pasar, por lo tanto ninguna termina. Intento actualizarlas cada dos años. En general se hacen con talleres, con encuestas, con encuentros con la gente, y sobre todo con caminatas. Siempre digo que me gustaría ser recordada cuando muera como una peregrina y en esos peregrinajes tengo la posibilidad de escuchar a miles de personas y esos miles me van dando información todo el tiempo.