Terra - 09 septiembre
Ser separada (o) y transmitir valores. ¿Se puede?
Esta pregunta le puede parecer a más de alguno de ustedes una agresión, y pensarán que ella esconde un prejuicio mío frente a los separados y dónde encubiertamente estoy discriminando y diciendo que ellos, los separados, no pueden o no deben transmitir valores a sus hijos especialmente.
Es que hay algo que pasa en nuestra sociedad frente a éste tema, parece que el “ser separado” invalida, producto de la “equivocación” cometida, la posibilidad de trasmitir valores ya que se “fracasó” en la práctica de los mismos.
Defender el matrimonio a muerte como la mejor opción para vivir en pareja, parece ser propiedad de los casados y no de los que forman pareja o de aquellos que, como yo, somos separados. Yo desde hace 13 años.
Yo viví la sensación de sentirme incapaz de trasmitir valores en defensa del matrimonio, donde de una u otra forma sentía la mirada suspicaz de algunos diciendo: “cómo tu hablas de eso, si no pudiste,” “ah, con razón dices todo lo que hablas”, dejando un dejo de ironía en el mensaje.
Queda preguntarse qué tipo de sociedad estamos construyendo dónde nuestra capacidad de juicio es más importante que nuestra capacidad para acoger el dolor, dónde existen las palabras “fracaso” que imposibilitan cualquier aprendizaje posterior.
Nadie desconoce el error, ya sea en la elección o en el proceso, pero a mi juicio los fracasos no existen, sólo existen los aprendizajes, el poder valorar nuestros procesos y nuestros dolores. Poder aprender de ellos para poder ser mejores personas, con más humanidad y mayor generosidad del alma, es y debe ser el único norte que nos debe estimular para educar a los niños y jóvenes de hoy.
Todos los que hemos vivido el proceso de la separación, debiéramos ser mejores personas después de ese dolor, la valoración de haber hecho todo posible, de aprender a ser más humildes, de no juzgar al otro, de entregar todo en beneficio de los niños, etc, debieran ser nuestro aprendizaje.
Todas las experiencias de la vida son potencialmente una maravillosa oportunidad para crecer y acercarnos a lo que Dios quiere de nosotros, sólo tenemos que asumirlas y transmitirlas como testimonio para que este sirva a otros e ilumine vidas y así se equivoquen menos, ojalá, que lo que nos equivocamos nosotros. |