Terra - 29 junio
Bulling Doméstico
La semana pasada no se que pasó con el texto que mande, parece haber quedado en el ciber espacio y tengo que reconocer que los extrañe, no fue una semana fácil.
Hoy les quiero hablar de un tema que entiendo tiene muchas aristas y bastante más complejo de lo que el texto muestra pero sólo quiero mostrar una mirada frente al problema que tiene la gracia que a todos nos permite intervenir y mejorar aunque sea un poco las cosas con nuestros niños.
Les puede parecer extraño el título de esta columna, ya que este es un término que en estricto rigor se utiliza para el acoso escolar dentro de los establecimientos educacionales.
Profundizando en este tema, veo que tiene que ver con la incapacidad absoluta de los niños para percibir las consecuencias de sus actos y de ponerse en el lugar del otro. Son niños que tienen un gran vacío en el alma y que no logran percibir en un comienzo todas las repercusiones que una “aparente broma” puede tener para el que la recibe.
Pero estas pautas educativas se enseñan dentro de la casa, cuando les permitimos a nuestros hijos que entre los hermanos se molesten todo el día, que se digan “te odio, no te soporto, mátate, desaparece” y los papás nos quedamos como si nada. Ahí comienza el bulling, cuando les permitimos a nuestros hijos que traten mal a la “nana” o asesora del hogar o es más cuando permitimos que nos traten mal a nosotros como padres.
Nos cuesta entender que las palabras generan realidades y que si un niño dice que odia todo el día, va terminar experimentando odio en algún momento. Nosotros somos lo que pensamos y eso es lo que sentimos y eso lo decimos, se construyen realidades con el lenguaje, que después se derivan al establecimiento escolar.
El bulling e incluso los acosos laborales comienzan dentro de nuestras casas, con los lenguajes que utilizamos y como nos referimos a la gente en general.
Los umbrales de violencia han ido cambiando, ya no es visto como agresivo el garabato cotidiano y eso hace que los códigos de lo que es grave también cambia, por lo tanto debemos tener cuidado de cómo nos estamos tratando en nuestros mundos más íntimos ya que eso es el primer paso de una agresión social. |