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“En Chile no hay mucho espacio para compartir los dolores”

“Bienvenido Dolor” es el nombre del último libro publicado por la psicóloga y escritora nacional, Pilar Sordo.

En él, muestra los resultados de una investigación realizada en distintos países de Sudamérica, en la cual se propuso descubrir diversos aspectos relacionados con la percepción de la felicidad y la manera en que las personas afrontan el dolor.

A través del estudio, y como expone en el texto, logró descubrir puntos importantes en cuanto a la evolución de la sociedad, como que la felicidad suele relacionarse con ciertos momentos breves y asociados a la alegría o la euforia.

Además, se apreció que el dolor suele ser un tema del que queremos siempre escapar, cuando lo mejor sería afrontarlo.

Y reafirmó la creencia de que un dolor siempre se supera de mejor manera cuando se puede compartir con otros.

La psicóloga visitó Concepción para presentar su libro y explicar todo esto a los penquistas en el auditorio de la UST, frente a 250 profesionales del área de la salud, educadores y representantes de instituciones de acción social.

Esto fue ocasión para que la especialista pudiera conversar con Diario El Sur, y compartir las reflexiones que han surgido tras lo estudiado.

-¿Cómo es posible decir bienvenido dolor, sabiendo que es un sentimiento del que siempre estamos tratando de huir?
-La verdad es que la única manera de poder hacerlo es asumiendo que se le da la bienvenida desde el miedo, y a veces desde la rabia, de la impotencia, o de la sorpresa, dependiendo del tipo de dolor que sea.
Pero cuando el dolor llega a tu vida hay dos alternativas: una, que es la clásica, es arrancar de él a través de las pastillas, de todos tipo medicamentos, de trabajar mucho, de estar en permanente movimiento para evitar la conexión con la sensación de dolor.

Y la otra opción es asumir que el dolor llegó y que, por lo tanto, desde ahí uno tiene que colocarse en una conducta de aprendizaje frente a él. Éste no es un proceso fácil, pero evidentemente cuando uno es capaz de poder decirlo, conversarlo, o afrontarlo, el enfrentamiento de ese dolor se hace mucho más sencillo.

-¿Es importante no vivir los dolores solos?, ¿Es mejor compartirlos con otros?
-Sí, yo creo que el compartir el dolor es una condición básica de la salud para el mismo proceso. El tema es que en Chile no hay mucho espacio para compartir los dolores.
En general, la gente termina viviendo los dolores en soledad. Porque nosotros retamos a la gente que está mal, en términos concretos. Le decimos: “ya pues, apúrate”, “hasta cuándo”. Entonces, hay poco tiempo en el que ese dolor puede ser acompañado en este país.

El resto del tiempo lo empezamos a vivenciar de forma absolutamente solitaria.

-¿Cómo puede, cada uno aportar para que estos dolores dejen de vivirse solos en nuestra sociedad actual?
-Creo que es súper fácil, tiene que ver con acompañar, con entender que todo el mundo tiene problemas. Que la gente feliz no es gente que no tenga problemas, sino que es gente que decide ser feliz con los dolores que tiene.

Y que en ese acompañarnos en los dolores, nos acompañamos también en nuestras pequeñeces, en nuestras realidades, en las miserias de cada uno. Yo creo que el no acompañamiento del dolor tiene que ver, primero, con un miedo de no saber cómo ayudar, y por otro lado, con un tema de soberbia, de que hay que mostrar que uno está bien. Y eso impide el acompañamiento de un camino y se produce la impresión de estar viviendo un dolor que agobia más.

-¿Hay dolores que se viven colectivamente como sociedad? ¿Has notado si de alguna manera esos dolores están volviendo más dañada y violenta a la sociedad?
-Yo siento que estamos faltos de amor genuino. La carrera por tratar de tener cosas nos está impidiendo amarnos, y eso genera violencia en cualquier lado.

Y creo que eso el estudio también lo mostró, no es un tema que yo lo opine personalmente, sino que se descubrió a través de la investigación.

-¿Cómo podemos desarrollar diariamente la voluntad de ser felices?
-Yo creo que esa es una de las cosas más difíciles que la investigación mostró y que creo que es lo que más cuesta hacer. Esta voluntad de ser feliz tiene que ver con el hacerse cargo, con tomar conciencia de que lo que ocurra el día de hoy depende de mí. Y por lo tanto, el ejercicio es: levantarse de la cama teniendo la sensación de que tú decides que vas a tener una buena actitud frente a lo que el día te va a ofrecer, con todos los problemas y dolores que llevas en el alma.

Eso es un ejercicio diario y hay veces en que ni siquiera es diario, sino que hay que hacerlo en la mañana y repetirlo al medio día. Va a depender también de la magnitud del dolor. Ya que a veces la pena es muy grande y estás demasiado aplastada por lo que te está pasando.

-Muchas personas relacionan la felicidad con el estar siempre riendo, o pasando buenos momentos ¿cómo se puede redefinir el concepto de felicidad?
-La investigación mostró justamente que los dos errores de concepción de felicidad que teníamos eran: que la felicidad está asociada a la alegría, por lo tanto si uno está contento está feliz. Si no lo está, no puede ser feliz, y eso no es cierto.

Y la otra equivocación es que la felicidad tiene que ver con el tener. Entonces, yo voy a ser más feliz en la medida en que yo tenga una tele negra delgadita, porque la antigua ancha hacia atrás ya me genera infelicidad. Y por lo tanto me esfuerzo por tener ese televisor que quiero, lo más rápido posible.
Yo creo que desde ahí empezamos a perder el sentido de lo que significa esta decisión de ser feliz, y desde ese punto es que también tenemos que comenzar a hacernos cargo.

-Según su experiencia y lo descubierto en la investigación, ¿puede aprender del dolor para ser felices?, ¿cómo?
-Cuando uno se abre al proceso del dolor, la clave es entender que ese dolor llegó con un sentido. El dolor siempre es fértil, nunca es infértil, siempre produce.

El tema es que hay gente que tiene la capacidad de ver esa oportunidad y hay gente que no la ve, pero el dolor siempre trae escondido la capacidad de aprender. Si alguien quiere tomar esa opción, obviamente el dolor traerá contigo un proceso transformador, que hará que seamos cada vez mejores personas.
Y si no tomo el proceso transformador del dolor, evidentemente no lograré superarlo.


Por: Romina Pino Soto
Diario El Sur de Concepción