Portada » Entrevistas » ¿Por qué somos como somos?

¿Por qué somos como somos?

HACE 25 AÑOS QUE PILAR SORDO EJERCE LA PSICOLOGÍA Clínica y da conferencias. Sin embargo, es sólo en tiempos recientes que esta mujer de 44 años (cumple 45 el 22 de octubre), chilena de Térmico, dulce su cara, su acento, su actitud ante la vida, inteligente y clarísima, trascendió las fronteras de su país y asomó como el boom de la autoayuda en buena parte de Latinoamérica. La aparición de su libro ¡Viva la diferencia! (…y el complemento también), que batió todos los récords de venta, y la multiplicación de sus videos por Internet, la catapultaron a la fama de “gran gurú de estos tiempos”, seguida con admiración por millones de mujeres.

—¿Qué tiene de diferente su libro con los muchos otros de autoayuda que agobian el mercado?
—El mío responde a una seria investigación que duró 4 años, donde entrevisté a 4.000 personas con edades de 5 a 90 años, de ambos sexos y diferencias socioeconómicas. Además, está escrito en un lenguaje supersencillo —que es mi objetivo cuando hablo y escribo— para que me pueda entender el 90% de la gente que no tiene acceso a un psicoanálisis. Todos mis libros poseen sentido del humor, porque yo me río de mí misma. Y humildemente aspiro a entregar alguna pequeña luz que mejore la espiritualidad, el sentido de trascendencia y la calidad de vida de la persona que lo lee.

Con altibajos sentimentales y pérdidas que la marcaron, Pilar tiene dos hijos (Christian, de 19 años, y Nicole, de 16) de su primer matrimonio que duró 11 años. Se separó, y a la nueva pareja que tuvo la califica de disflincional (“Esa clásica cosa de las mujeres que intentamos salvar hombres y no nos resulta. Pero aprendí mucho’). Luego de esta nueva separación estuvo muchos años sola, hasta que apareció en su vida un hombre “maravilloso”, definitivo, ideal. Lo conoció cuando ella fué a dar un seminario en su empresa minera Los pelambres. (“Hay gente que se muere sin encontrarlo. Yo lo encontré y fue un privilegio’). Cuatro años después, ese hombre maravilloso. Osear Letclier (ella pronuncia Óscar, con acento), caía fulminado por un cáncer. (“Puedo vivir hoy perfectamente sin un hombre al lado, porque siento que Osear está todo el tiempo conmigo. Y mi anhelo de reencontrarme con él es tan grande, que sé que es una cuestión de tiempo esta separación’). Hace un año y medio que Pilar quedó viuda. ‘Pero mientras tenga el alma llena de sueños y de proyectos, no voy a sentir vacíos. Eso es lo que tendrían que hacer todas las mujeres para enfrentar los avalares de la vida”, afirma con contundencia.

APReNDER DEL OTRO. NO COMPETIR

—Una primera diferencia que usted señala es que la mujer tiende a “retener” y el hombre a “soltar”. ¿Cómo lo prueba?
—En varias cosas. La mujer no puede generar vida si no tiene capacidad de retener a un bebé dentro de sí misma. En el hombre los espermatozoides deben salir sí o sí, en cambio la mujer está diseñada para retener líquido y grasa en mayor proporción que los hombres. De ahí la temible celulitis (risas). Estas características que parecen estrictamente biológicas, podemos extrapolarlas a otros ámbitos. En la vida cotidiana, la mujer no tira casi nada: guarda alimentos en la heladera por si puede usarlos en otra comida, nunca vacía su cartera repleta de cosas “por las dudas”, guarda ropa y cosas viejas por si las necesita algún día, cuando viaja pone en la valija cosas por si llueve, si hay sol, si hay viento, si hace frío. También “retiene” los primeros dibujos de sus hijos en la escuela, no se desprende de la primera flor o carta de amor que recibió. Somos incapaces de desprendernos de cosas que tienen un valor afectivo. Somos más lentas que los hombres para olvidar y desprendernos de los conflictos y pasar a otra etapa. Los hombres, en cambio, están centrados en un objetivo, y pueden pasar de un objetivo a otro con mucha rapidez. Se desprenden fácilmente de los conflictos afectivos, y avanzan. Piensan que no ganan nada con preocuparse con las cosas que no pueden solucionar.

—Las feministas sostienen que fue una larga cultura machista la que relegó a la mujer a ciertos roles. ¿No cree que hubo alguna influencia?
—No, porque las conclusiones que yo planteo en la investigación no tienen misión de juicio. No hay características que sean mejores o peores. La estructura machista o la feminista tiende en la base a la descalificación del otro. Lo que se descubrió en la investigación —independiente de lo que yo pueda o no plantear— tiene que ver con la valoración de lo femenino y lo masculino en términos reales, no como un juicio de cuál es mejor. Si una mujer decide quedarse en la casa, eso no la hace menos que alguien que esté trabajando afuera en términos públicos. No hay un valor de juicio. Al contrario, por eso el libro se llama ¡Viva la diferencia! (… y el complemento también). Lo que planteo es el aprender del otro, y no competir con el otro.

—Casi todos los protagonistas de la historia fueron hombres. No hace demasiado tiempo que la mujer empezó a ascender en la escala del poder político o empresarial. ¿A qué se debe?
—Yo creo que las mujeres tenemos un techo de vidrio propio, que nos autofrenamos en el tema del logro laboral por otra cosa: que las mujeres necesitamos sentirnos necesarias, y por lo tanto nuestro mundo en lo emocional es muy importante. Si alguna tarea cotidiana a la mujer le causa agobio o no le gusta, ¿qué hace? Se queja, protesta constantemente, llora, pero no la deja de hacer. “Nadie lo hace mejor que yo”, dice. Es como si su identidad o su autoestima estuvieran determinadas por lo que ella hace, y no por lo que ella es. Por lo tanto hay mucho de autoboicot en el mundo femenino para no ascender. De autoboicot y de miedo.

—¿Cómo se modifica eso?
—Si la mujer rompe ese techo de vidrio, rompe las culpas, y logra disfrutar del presente sin sentirse indispensable —pero sí necesaria— ella puede llegar adonde quiera llegar. Yo confio en la meritocracia. Y eso no tiene género. Pero la mujer tiene que aprender a soltar, para que cada uno de los miembros de la familia se hagan responsables de lo que le corresponde a cada uno, y no hacerse cargo ella de todo lo que pasa dentro de la casa. Hay algo humorístico como, por ejemplo, que el 70% de las mujeres adultas consultadas, no cerraba la puerta del baño para hacer pipí, porque podría ser requerida para algo.

“EL HOMBRE NO PUEDE CONCENTRARSE EN VARIAS COSAS A LA VEZ”

—Usted dice que la mujer necesita sentirse necesariay el hombre necesita sentirse admirado. ¿La mujer no necesita sentirse admirada?
—También necesita ser admirada. Y el hombre también necesita ser necesario. Pero en porcentaje mayoritario, las cosas se dan así. El hombre es más egoico, más centrado en sí mismo. Eso no los hace malos o egoístas. Pero el hombre tiene que aprender a retener, a preocuparse más por los afeaos, por las personas que ama. Entender que las cosas se consttuyen de a poco, y no solamente sobre la base de objetivos logrados. En ese sentido, podemos decir que la mujer valora más el proceso emocional que los objetivos. En cambio, el hombre valora más el objetivo, y no considera de importancia los procesos emocionales. Un ejemplo simple es cuando van juntos a un supermercado. El hombre irá directamente a los productos que le hacen falta. En cambio las mujeres recorrerán todos los pasillos para descubrir alguna otra cosa que podría embellecer su casa o mejorar el confort de los suyos. Esto los hombres no lo entienden. Ni lo aceptan.

—Eso tiene que ver con otra cosa que usted sostiene: que el hombre es monofocaly la mujer multifocal.
—Sí. Los hombres tienen la capacidad de centrarse en una sola cosa. En cambio las mujeres, ncurológicamcntc, tienen capacidad para concentrarse en varias cosas a la vez. Es frecuente ver a las mujeres mirando televisión, planchando, hablando por teléfono y, al mismo tiempo, revisando el cuaderno de sus hijos. A los hombres, en cambio, no les gusta ver televisión y hablar al mismo tiempo, porque eso significaría desconcentrarse de una de las dos cosas, y lo pondría de muy mal humor. A veces, por ser multifocalcs, las mujeres podemos ser mis imprccisas.Y nos cuesta llegar a objetivos más concretos. Pero eso no quiere decir que no los logremos. Nosotros valoramos más los detalles, por lo tanto nos podemos ir demorando más, pero no porque seamos más lentas, sino que frente a cada objetivo, vamos mirando una multiplicidad de detalles, y en eso vamos considerando distintos aspectos que los hombres muchas veces no ven. Y al final, nuestras decisiones pueden terminar enriquecidas.

—Todavía, a igual trabajo, las mujeres cobran menos sueldo. ¿A qué lo atribuye?
—Eso forma parte de una cultura machista absoluta que pretende compensar esas diferencias con el pre y post natal. Y que castiga a la mujer en la edad fértil, en la etapa reproductiva. Pero eso no tiene nada que ver con mi investigación. Eso tiene que ver con una estructura machista y patriarcal que muchas veces las mujeres reforzamos. Cuando yo hablo de igualdad, no hablo de equidad, ni de igualdad de oportunidades, que son dos cosas superdistintas. Por la equidad y por la igualdad de oportunidades yo voy a pelear toda la vida, porque es en base al mérito que la gente tiene que ser medida y no en base a su condición de genero o su condición sexual. Decir que hombres y mujeres somos iguales, es un error en términos psicológicos, porque sino no aprendemos del otro. Y porque lo que genera esta supuesta igualdad es una competencia que está enmarcada desde la rabia. Afortunadamente, somos distintos.

EL ANTES Y EL DESPUÉS DEL SEXO

—Usted dice también que la mujer es auditiva y el hombre es visual. ¿Cómo se manifiesta eso?
—Fundamentalmente, en que los hombres son más adictos a la pornografía, y las mujeres al chat. La connotación que le damos las mujeres a lo que escribimos o nos escriben, depende más de las variables emocionales y afectivos y no de un criterio objetivo expresado en la conversación. Nosotros necesitamos que nos digan que nos quieren, que nos vemos bonitas. Los hombres necesitan “ver” a una mujer contenta. Los hombres se manejan de acuerdo al impacto visual que le generan las cosas, y en base a eso juzgan y evalúan. Por lo mismo, no tienen intuición, o la tienen mucho menos desarrollada que nosotras. Porque nosotras, al no ser visuales, y al ser auditivas, y más bien sensitivas, nuestra forma de percibir el mundo tiene que ver con claves que el hombre no percibe. No es casual que no haya pro-liferado la ropa interior masculina a la par de la femenina. Nosotras somos mucho más capaces de percibir las energías de un lugar o la buena o mala vibra de alguien, que los hombres. ¿Por qué los hombres no pueden percibir esas energías? Porque no tienen códigos visuales que las representen.

—Un ejemplo.
—Desde lo biológico, el hombre ve todo lo que produce. Él ve alando hace pis, él ve cuando está excitado porque hay una erección. El ve cuando termina el acto sexual porque hay una eyaculación y hay un producto que él genera, hay un logro, hay un objetivo cumplido. En cambio las mujeres, cuando vamos al baño, sentimos y escuchamos que estamos haciendo pipí, pero no lo vemos. Una mamá atando amamanta y da el pecho, objetivamente ella no ve la leche. Ella siente que la guagua (bebé) succiona. Cuando estamos excitadas sexualmente, no hay nada que indique que nosotras nos excitamos, sino que liay una sensación que nos hace traducir que eso está oai-rriendo. Cuando tenemos un orgasmo, tampoco hay nada biológico que yo pueda observar nítidamente, a no ser que sea una experta en fisiología (risas). Por eso, el orgasmo lo podemos fingir o exagerar, porque no hay recursos visuales para comprobarlo. Podemos ser eternamente mentirosas y nadie nos va a pescar (risas).

—¿Y cómo es la actitud de un hombre y una mujer frente al sexo?
—Las mujeres aprecian más el antes y el después que el durante. El durante es el que más tiene que ver con la penetración, que es un objetivo masculino. En el fondo, no es que las mujeres no gocen durante, pero el durante es un tema masculino. Está centrado en el objetivo que el hombre tiene que cumplir, que es la penetración. El preámbulo y los arrumacos posteriores, es lo que le da a la mujer la sensación de que es querida. La penetración en sí misma, sola, si no se vive el antes y el después, se puede traducir como una utilización sexual, y no en la valoración de una intimidad y en compartir un mundo íntimo en forma más profunda.

“LA MUJER ES MAS DEPENDIENTE QUE EL HOMBRE”

—La supuesta liberación femenina, ¿no aumentó la carga de responsabilidad de las mujeres, que deben cumplir un doble turno si trabajan afuera?
-No es que la mujer esté más agobiada de responsabilidades. Lo que nos falta a las mujeres —y es el desafío de la mujer del siglo XXI, a mi juicio y de acuerdo a la investigación— es tener la capacidad de disfrute de lo privado y de lo público. Mientras nosotras sintamos que todo es un peso y una carga, donde somos víctimas de una doble jornada, evidentemente todo se hace más difícil. Yo creo que el tener que salir de la casa para traer dinero, no lo tendríamos que sufrir como un peso. Eso tendría que ser un privilegio, algo que debiéramos hacer gozosamente y no victimizándonos.

—¿Pero la mujer no siente más culpa al dejar a sus hijos solos?
—Por supuesto. Pero yo creo que la culpa tiene que ver con la poca capacidad de conexión con el presente. Tenemos que aprender de los hombres a disfrutar del trabajo. Estar preoaipada por los que amamos por qué no puede ser un privilegio, por qué tiene que ser un peso. Por qué no puedo desde mi oficina preocuparme por que le den el antibiótico cada 8 horas a mi lujo, por ejemplo. Y sentir también que desde la motivación del trabajo, le estoy dando a mi hijo un testimonio de vida. Es importante que ellos vean esc esfuerzo y esa validación.

—De la lectura de sus libros, la mujer aparece más dependiente del hombre, que el hombre de la mujer. Ellos se separan, por ejemplo, y rápidamente encuentran una reemplazante sentimental.

—Es que nosotras somos más dependientes en general de todos los vínculos emocionales, no solamente del hombre. La mujer está contenta cuando la gente que ella quiere está bien con ella. Y los hombres, como están demasiado centrados en los objetivos, pueden trascender los afectos.

Para ellos es más fácil cerrar y dar vuelta la página, así pueden seguir avanzando Si te fijas en las calles, siempre vas a ver más mendigos hombres que mendigas mujeres. Eso tiene que ver con que como los hombres siempre están preocupados en los objetivos, y nunca cuidaron los afectos, a la larga muchos de ellos terminan solos y enfermos. En cambio las mujeres, como siempre nos hemos preocupado de los detalles y de los afeaos, vamos a terminar acompañadas por alguien que nos va a cuidar de viejas, digamos.

—Usted habla de “¡a violencia del silencio” en una pareja. ¿Qué daña más, la violencia psicológica o la física?
—La violencia psíquica es más destructiva y a la larga puede ser peor en términos de consecuencia. La violencia física, explícita, genera daños, pero yo sé a quién me enfrento. Pero esta cosa de desconfirmar la existencia del otro, de decir: “Tú no estás, ni no existes, yo no te veo, no hablo contigo” es mucho más dañina porque tiene que ver con un atentado a la profunda identidad del ser. Y eso tiene consecuencias muy serias a lo largo de la vida.

“APAGUEMOS LAS PANTALLAS”

—Vayamos a los jóvenes. ¿Por qué cree que consumen cada vez más alcohol y drogas?
—Fundamentalmente porque los adolescentes no tienen habilidades sociales que les permitan reírse a carcajadas sin estar borrachos. No saben cómo se hace. No saben entretenerse. Nadie se los ha enseñado, porque no les hemos enseñado a conversar. Desapareció definitivamente la sobremesa. El déficit emocional, la falta de habilidad social es lo que hace que hoy expresen todo en un teclado, y no lo puedan hablar de frente. La hipocresía de los pósteos, del fotolog o de cualquier página donde puedan decir atrocidades —sin tener idea del daño que producen, escudados en una cobardía y en un disfraz horroroso— hace que cuando están frente a frente al otro, no sepan cómo hablar. No sepan qué decir. Y para eso es indiscutible que el alcohol y las drogas les dan una ayuda indiscutible, porque les facilita la posibilidad de conversación, de reírse, de mirarse a los ojos, de poder entrar en una mtimidad sexual sin tener mucha conciencia. De aislarse del mundo adulto o de las responsabilidades que tan malamente le estamos mostrando a ellos, y que tendrán que enfrentar algún día. Porque los jóvenes no quieren copiar a una generación —dicho por ellos— que no hace nada importante, sólo cosas urgentes. Que anda enojada todo el tiempo. Que olvidó los ideales. Que trabaja todo el día y no sabe por qué. Y que les cobra todo el día un esfuerzo y cansancio que ellos no pidieron. Un mundo donde las pantallas están inundando las casas.

—Queda poco tiempo para el diálogo.
—Las pantallas inundaron nuestras casas. Los que ejercemos el control sobre las pantallas somos nosotros. Nosotros somos más evolucionados que las pantallas. Podemos decidir cuándo las prendemos, qué vemos, cuándo las apagamos para darle un espacio a la conversación. Cuándo apagamos un teléfono celular.

Paradójicamente, dejamos de comunicarnos en un mundo que invita a la comunicación. Es como que los seres humanos nos hemos quedado callados y las pantallas empezaron a hablar. Cambiar eso depende de los padres. Tienen que entender que los que gobiernan la familia son ellos. Que tienen que recuperar la autoridad que perdieron en pos de tratar de ser amigos de sus hijos. Es un tremendo error. En la medida en que los padres vuelvan a gobernar las casas y vuelvan a establecer límites y a decir “no”, y vuelvan a hacer valorar la escasez, a valorar lo poco para poder gozar de lo mucho, los jóvenes recuperarán los valores y un temple firme y sólido. Urge perderle el miedo al conflicto con los hijos. Hay que pagar ese costo, si uno quiere ayudarlos a crecer.

—A esa adicción a la pantalla usted la llama “lageneración on-off”.
—Exacto. Lo traté en mi otro libro No quiero crecer. Todo lo prenden y todo lo apagan, y esperan que el mundo funcione igual. No quieren esperar, lo quieren todo y de inmediato, no saben aburrirse, no son disciplinados, tienen escasa tolerancia a la frustración. Por eso establecen relaciones afectivas rápidas, intensas, pero fácilmente descartables. Les estamos haciendo la vida demasiado fácil, y la propia vida se encargará de demostrarles lo difícil que es, si no hay aprendizajes previos. Ellos no saben que el aburrimiento puede ser muy creativo. Lo fue en nuestra infancia, donde no había tantas cosas y teníamos que inventar juegos caseros. No tengo una visión muy negativa de los adolescentes. Creo que es una generación muy verdadera, pero confundida. Sin ídolos o modelos a seguir. Pareciera que el rol de la familia hoy es tener la mayor cantidad de cosas posibles, porque sólo así podremos ser felices. Falta espiritualidad. Estos jóvenes manejan todo, salvo la propia vida. Y buscan todo afuera.

—¿Le gustaría volver a enamorarse, Pilar?
—A mí me ha tocado una vida muy difícil. He tenido muchos dolores y por lo tanto aprendí hace mucho que no puedo decir lo que quiero que pase.

Por: Renee Sallas