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Las mujeres disfrutamos más con los procesos. En cambio, los hombres… con las metas, con los resultados

Segunda Parte de “Las mujeres erotizamos todo, menos la cama”

Por qué los hombres serian más rápidos para restablecer o rehacer las relaciones afectivas?
-Por lo mismo. Porque como sueltan y están diseñados para poder soltar, logran dar vuelta páginas de la vida con mayor rapidez. Como que cierran la puerta con menos complejidad. Ustedes los hombres cierran las puertas más rápido que nosotras las mujeres. Nosotras siempre tendemos a dejar las puertas abiertas, con un halo de misterio o de magia…como pensando que esas puertas pudieran abrirse. Es como una cosa un tanto romántica.

Para los hombres lo que se acaba, se acabó. Y punto.

Eso les permite poder volver a abrir.

-Otro concepto en tu libro señala que lo femenino valora más el proceso;a diferencia de lo masculino que valora más los objetivos.
-Es una de las diferencias que la investigación demostró. Las mujeres le damos mucho valor a los detalles o al trayecto de las cosas en la vida. No le damos tanto valor a las llegadas o la obtención de resultados en sí mismo, pues eso es más masculino. Y eso se nota en los viajes, se percibe en la vida sexual, en cómo las mujeres reparamos y observamos procesos distintos a los que disfrutan ustedes los hombres. Ustedes se solazan más con la llegada, con la meta. El trayecto es casi invisible para la estructura masculina en general. En cambio, para nosotras la meta no adquiere tanto significado como pudiera tener el camino que hayamos hecho, o como haya sido el camino. Si el camino fue positivo, disfrutado o gozado…

-Eso lo interpretó magistralmente Coco Legrand en un Festival de Viña del Mar…
-Exactamente.

-Por el hecho de valorar más el proceso, ¿ será que la mujer es más comprensiva que el hombre?
-Sí, puede ser…pero no sé si comprensiva es la palabra más adecuada, ya que eso tiene un valor de juicio que me parece poco justo con los hombres. Yo creo que hay hombres tremendamente comprensivos también. Lo que sí es cierto es que nosotras estamos más conscientes del camino, y al estar más conscientes del camino estamos más centradas en el resto que en nosotras mismas. Y eso nos hace más empáticas -como tendencia- que lo masculino, que es más proclive a estar concentrado en el objetivo, por lo tanto tiende a no ver o a pasar por alto ciertas cosas.

Sin embargo, el hombre tiene una mayor capacidad para estar anclado en el presente. El hombre está donde está. La mujer nunca está donde está. O sea, está con el cuerpo en un lugar y con la cabeza donde piensa que la necesitan.

Las mujeres vivimos más disociadas con respecto al anclaje al presente. Ustedes los hombres tienen mas capacidad para estar anclados al presente (el aquí y ahora) y, por lo tanto, disponen de mayor capacidad para disfrutar del presente. Luego, disfrutan del presente más que nosotras.

-Por estar en varias partes, la mujer puede tener mayor capacidad de sindéresis, de estar con el otro. Su empatia sería mayor…
-Puede ser, está bien. Pero eso es un poco tramposo también, porque nosotras lo hacemos como un tema de ida y vuelta, que tiene que ver con que la mujer requiere sentirse necesaria. Por lo tanto, nos centramos en el otro con el fin de que el otro nos haga sentir que nos necesita.

Entonces, no es tan generoso ese desempeño…

-Tu has dicho que los chilenos somos poco consistentes. ¿En qué nota este doble discurso del chileno, este afán elusivo y de no decir las cosas por su nombre? ¿Por qué tanto eufemismo en la conversación del chileno?
-Yo diría a que fundamentalmente somos un país que tiene serias dificultades para expresar sus emociones. Por lo tanto, el manejo de la verdad implica necesariamente hacerse cargo de lo que uno dice. Y yo siento que nuestra segunda lacra nacional es jamás tener la culpa de nada. Para eso hay que tener un talento maravilloso! Y siento que lo aplicamos en nuestras dinámicas sociales en forma excepcional, junto con el arruinarle la vida a la gente que está contenta. A eso yo le llamo “anticipación de desgracia”, que es una cierta facilidad para hacer sentir a quien está feliz, que eso le va a durar poco.
Objetivamente, eso nos hace poco consistentes. No nos permite poder expresar bien todo, porque nos da susto. Los chilenos tenemos un gran susto a la conexión con las emociones. Eso nos hace arrancar del dolor, nos hace arrancar de la verdad. Entonces, optamos por discursos más bien tangenciales y no tan directos. Y así es como no usamos las palabras que tenemos que usar, donde en vez de decir cáncer, decimos “una larga y penosa enfermedad”, en fin…

-Queda claro: el chileno construye bien, pero demuele mejor…
Es cosa de ver un edificio en construcción. No hay más de tres o cuatro personas mirando. Cuando van a demoler un edificio, sobran los espectadores. ¿De dónde vendrá esto? ¿Del mapuche o del extremeño español?

-Yo creo que hay una mezcla…hay una mezcla de raza, hay una mezcla geográfica. Y no por clima, sino por constitución, por el hecho de ser un país tan delgado. Creo que esta cosa como de sentirnos al final del mundo, nos ubica permanentemente en una cosa medio quejumbrosa, que tiene que ver -insisto- con el problema del miedo. El miedo a disfrutar es muy grande, porque tenemos miedo a la ilusión. A Chile le cuesta mucho ilusionarse. Generalmente preferimos decir que no nos va a resultar un proyecto determinado, para no sufrir el desencanto. Le vivimos haciendo el quite a las frustraciones.

Yo siento que el tema de la ilusión y la conexión con el dolor…o con la posibilidad del dolor, en caso de que algo no nos resulte, es muy alta. Entonces, para evitar el sufrimiento, suponemos que si no nos ilusionamos sufrimos menos. Y yo creo que es al revés.

EL CHILENO EN LA CAMA

-Sexualmente, ¿los chilenos seguimos subdesarrollados? Te lo pregunto porque muchas mujeres dicen que el chileno es huérfano desde el punto de vista de las emociones. Por eso a veces llega un argentino “rasca” o atorrante y -como tiene más verso- se lleva las mejores mujeres.
-Creo que el tema de la sexualidad tiene que ver con lo mismo que conversamos hace un rato: con la expresión de sentimientos. Y nosotros somos un país que habla poco. De hecho ahora nuestras tácticas de seducción pasaron a la tecnología. Entonces, se está seduciendo a través de Internet, a través de mensajes de texto, a través de Facebook y a través de todo tipo de cosas, menos a través de la palabra.
Y como somos un país que habla poco, somos un país que seduce poco, y la seducción pasa inexorablemente por la comunicación. Por eso que un argentino seduce más. Porque es un tipo que habla más, que
tiene mejor vocabulario, que se relaciona desde el punto de vista comunicacional en forma mucho más amplia que el chileno, que tiene menos recursos verbales, que de cinco palabras que pronuncia… cuatro son garabatos, porque no tiene vocabulario, donde además la expresión gestual -en lo referido a emociones-también es escasa. Sobre todo en las generaciones más jóvenes, que además hoy día no expresan emociones, porque, según ellos, las expresan los maricones. Entonces, objetivamente hay un tema ahí que tiene que repercutir en el comportamiento sexual, porque para seducir hay que hablar primero.

Si no, no hay calentura, en términos reales. Por lo menos, desde el comportamiento de lo femenino.

-Aparte de tu inteligencia, el hecho de ser bonita y simpática crees que ha logrado que tu mensaje llegue con mayor fuerza?
-(Sonríe) No lo sé…yo siento que la gente me siente cercana porque yo soy como un despelote, no más. Y en ese despelote soy poco pretenciosa y renuente a adoptar posturas o cosas que n o van conmigo. Yo soy la misma siempre. Soy la misma dando una conferencia que estando con mi papá en mi casa o conversando con mis amigos. No existe el personaje Pilar Sordo, por lo tanto me canso menos, también…porque creo que la gente que elabora personajes se cansa el doble. Pero siento que al final la gente logra ver un tanto esa consistencia.

Yo siento que la gente es muy generosa conmigo.

-Has señalado que las mujeres son más lentas que los hombres para procesar los conflictos. ¿Puedes explayarte en eso?
-Nos demoramos más tiempo, sí.

Lo que pasa es que somos retentivas. Retenemos más desde el cuerpo, desde lo biológico, desde retener más líquido…tendemos a guardar.

Por lo tanto, soltar es una tarea difícil para nosotras. Luego, el soltar los conflictos, el cerrar las etapas en la vida, nos cuesta más. Entonces, somos mucho más lentas, porque además sentimos que podemos rescatar los procesos a al menos modificarlos Y generalmente ello no es así.

-Acerca de lo mismo, JM ¿por qué los hombres seriamos más rápidos para restablecer las relaciones afectivas?
-Por lo mismo. Porque como están diseñados para poder soltar, logran o dar vuelta páginas de la vida de manera más rápida. Es como cerrar puertas. Las puertas las cierran más rápido ustedes los hombres que nosotras. Nosotras siempre tendemos a dejarlas abiertas, con un halo de misterio o de magia que permitieran volver a abrirlas. Es como una cosa medio romántica.

En cambio ustedes, si la cosa se acabó …¡se acabó! Y cortan sin mayor dilación. Eso les permite poder volver a abrir con más rapidez, y por lo tanto, restablecer relaciones de pareja de una manera más expedita.

El Labrador
Por: Jorge Abasolo