Portada » Entrevistas » “Es como si se te muriera un familiar”

“Es como si se te muriera un familiar”

Ya ha pasado más de un mes de la muerte de Felipe Camiroaga y todavía la gente lo sigue recordando y añorando mucho, ¿qué crees que ha pasado?
-A ver, primero que todo, un mes es nada y si esto me lo preguntaras al año, yo te diría exactamente lo mismo. Creo que los ciclos de los duelos son mucho más largos de lo que los chilenos estamos permitiéndonos vivir, por lo tanto, es nada el tiempo que ha pasado.

¿A pesar de que la gente tenía un vínculo con Felipe sólo a través de la pantalla?
-Ese es el fenómeno, porque, objetivamente, él pasaba cuatro horas diarias metido en la casa de los chilenos, que es mucho más de lo que las parejas pasan entre sí y de lo que los padres están con sus hijos, por lo tanto, el impacto emocional que tiene la ausencia de él al no verlo es como si se te muriera un familiar, y un familiar, además, que veías mucho y que sabías cuando estaba con dolor de estómago o cuando se le quemó la casa, en el fondo, que sabías de él quizás bastante más de lo que hoy muchos chilenos saben de la gente que de verdad vive en sus casas.

Es decir, la muerte de Felipe la sienten como de alguien muy cercano…
-Sí. Y el impacto psicológico a la larga o lo que refleja la muerte de Felipe es la pésima comunicación que estamos teniendo con nuestros seres reales, la sobre dimensión que se le da a lo mediático y a lo televisivo en términos de los vínculos afectivos y la tremenda soledad en la que estamos los chilenos en términos de vínculos afectivos.

¿Eso hace que un animador pase a ser tan importante?
-Exactamente, porque a la larga deja de ser un animador y es Felipe.

Pasa a ser uno más del entorno cercano…
-Totalmente, y se comenta en la mesa al desayuno o en la noche si es que Felipe dijo algo divertido, porque forma parte del vínculo y de la forma de diálogo y comunicación de los chilenos.

En base a esa soledad de la que hablas, ¿sientes que Chile va en un fuerte camino de individualismo?
-Yo creo que tenemos serias dificultades para podemos mirar, o sea, para poder visualizar al otro como otro… yo creo que eso influye y creo que la pérdida de esto es que se fue gente que uno miraba, uno miraba a Felipe Cubillos o era un referente, lo mismo que Felipe Camiroaga, y creo que el tema de no vernos nos ha hecho más rabiosos y más intolerantes.

Entonces, ¿el consejo es mirarnos más?
-Yo creo que nos tenemos que reconocer, en la medida que el otro es otro para mí y lo veo como otro entero, evidentemente que lo trato mejor. Y lo otro que también me encantaría es que fuéramos un país con mayor conciencia de muerte. Los países que tienen mayor conciencia de muerte tienen mejor goce de la vida, y nosotros no tenemos conciencia de muerte, por eso que la vida no es un proceso que queramos cuidar.

¿A qué te refieres con conciencia de muerte?
-Con saber que nos vamos a morir.

¿Con asumirlo?
-Sí, claro, porque si yo estoy consciente de que voy a morir, esta conversación contigo yo la cuido más debido a que probablemente nunca más voy a hablar contigo.

Es verdad, todos pensamos que no nos vamos a morir, al menos prontamente…
-Claro, como Chile es un país que se ha levantado de muchas, de alguna manera también hemos ido adquiriendo cierta invulnerabi-lidad y creo que nos falta ser más vulnerables.

En general, tendemos a ver negativamente la vulnerabilidad…
-Claro, es que nosotros la vemos así porque somos inseguros. Tomar contacto con la vulnerabilidad nos conecta con el dolor y como arrancamos del dolor, objetivamente no es lo que hacemos. Yo creo que hay que darle una vuelta más al proceso y agradecerlo más.

“SAQUEN LA PENA QUE TENGAN QUE SACAR”

¿Qué características tenía Felipe Camiroaga que lo hacía tan cercano?
-A ver, yo lo quería mucho, yo me sentía muy cercana a él, si bien nunca fui una amiga de ir a su casa, nosotros teníamos una conexión muy especial, porque siempre para las cosas importantes de él o mías, yo sabía de él y él sabía de mí, además de que Osear (ex pareja de Pilar) había fallecido el mismo día, un 23 de febrero, que la mamá de él, por lo tanto, teníamos una conexión los 23 de febrero que era imbatible. Y yo siento que él tenía varias cosas que lo hacían encantador y muy cercano.

¿Cómo cuáles?
-Primero, que era muy niño, por lo tanto, en esta cosa lúdica que tenía, se acercaba a la gente desde sus imperfecciones o desde el reírse de sí mismo, que hacía que la gente no lo viera como alguien perfecto, y cuando alguien no percibe a otro como perfecto, lo siente cercano, y yo creo que a Felipe se le sentía cercano. Además, creo que es un tipo que nunca pretendió ser muy inteligente ni muy brillante, entonces la señora de muy baja educación o alguien de mucha educación, lo escuchaba y lo miraba con la misma atención… y lo otro que creo que tenía era ángel, era un tipo guapo, que parecía inmortal, lleno de vida y exitoso, así que era interesante todo lo que le pasaba, desde que cambiaba un auto hasta que se tiñera el pelo o lo que hiciera.

¿ Y qué consejos les darías a esas personas que están sufriendo por la partida de Felipe?
-Fundamentalmente que saquen la pena que tengan que sacar. Yo creo que la partida de Felipe es un catalizador de penas de uno, de hecho, yo siempre dije que con el avión de Juan Fernández los chilenos lloramos las penas del año y capaz que las del año pasado también, porque somos un país súper contenido, que tiene absolutamente dificultad para expresar lo que siente, entonces cuando aparecen estas válvulas que se abren, aprovechamos todos de sacar lo que hemos tenido apretado en el corazón, por lo tanto, hay que aprovechar esto, porque sana, porque hay que llorar si hay que llorar, porque hay que echarlo de menos y porque hay que hablar de él y todo lo que sea necesario como para poder vivir un duelo como cualquier persona que se fue.

¿Crees que va a ser difícil de llenar el vacío que deja Felipe en la TV y sociedad chilena?
-Yo creo que nos va a costar llenarlo y, de alguna manera, en la medida que nos cuesta llenarlo vamos a tener que ir viviendo el duelo de la ausencia… no va a ser fácil.

¿Piensas que será un proceso largo?
-Yo creo que es un proceso largo, como todo proceso, que nosotros tratamos de apurarlo, pero a la larga igual se hace largo.

¿Y es bueno vivir los procesos como son y no apurarlos?
-Es que creo que es lo más sano, lo demás es muy enfermizo, donde la mitad de Chile toma pastillas para dormirse y la otra mitad para despertarse, lo que es muy poco sano. En el fondo, hay que saber navegar, a veces el mar viene con olas fuertes y otras veces con mares más calmos, pero hay que aprenderse a moverse en los dos, porque sino uno al final no aprende nada y no se hace mejor persona, no evoluciona y no crece… y creo que cuando un país se estanca en la rabia y en el no reconocimiento del otro, al final no se avanza.

“UNO VA INCORPORANDO EL DOLOR”

¿Qué es lo que más vas a echar de menos de Felipe?
-Yo voy a echar de menos sus mensajes de texto, su sonrisa y sus abrazos, ya que a mí me encantaba cuando él me abrazaba cuando yo tenía pena o lo que me pasara… me sentía súper contenida. Y voy a echar de menos también los comentarios que él tenía de mi trabajo y lo voy a echar de menos a él, porque creo que cuando uno llora, llora por uno, no por el otro, porque uno no lo va a ver más, porque yo lo echo de menos y porque a mí me hace falta.

A principios del 2009 tú perdiste a tu pareja, ¿cómo lograste superar eso?
-Yo no sé si lo he superado, yo siento que estoy caminando con eso, y he tenido días buenos y he tenido días malos en la superación.

¿ Y cómo se puede caminar con eso?
-Porque uno va incorporando el dolor. La gracia del dolor es que tú lo incorporas dentro tuyo y hay días en que se hace consciente esa incorporación y otros días pareciera que ya no está, porque tienes la ilusión de que lo superaste. Y yo creo que he ido aprendiendo del duelo, he ido aprendiendo a reencantarme con otras personas y en eso estoy… y probablemente me voy a morir en esa caminata. Yo creo que uno nunca se gradúa de nada ni uno nunca aprende nada, es un proceso de plena transformación donde lo más estable es el cambio y, por lo tanto, es desde ahí donde uno se mueve.

Tras las pérdidas, además de pena, a veces se tiene rabia, ¿es bueno que se dé esa rabia?
-Es que la rabia es una etapa del duelo y es importante vivirla. El duelo tiene cuatro etapas: shock, donde uno no cree que sea verdad; la de rabia, la de pena y la de reconciliación, y esas cuatro etapas pueden venir en una hora o en un día, pero hay que pasar por las cuatro y no tienen un orden.

TV Grama