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Entrevista a Pilar Sordo sobre su nuevo libro

“Yo creo que hay un número grande de gente que me debe encontrar livianita. ¿Razones? Incorporé el humor a la psicología, lo que para muchos es una suerte de sacrilegio. Me asocié y escribí un libro con consejos de vida con Coco Legrand, otro sacrilegio. Además los medios me dan espacio y la gente me ubica por la televisión. Y esa pantalla (si bien no estoy en la tele hace años), donde proyecto una imagen alegre y positiva, hace que muchos digan “esa mina es frívola, simplona, livianita”.

Así responde la psicóloga Pilar Sordo a las críticas que ella misma, sus consejos de vida y sus exitoso libros de autoayuda generan entre algunos. Esta reacción de rechazo al optimismo ajeno está ciertamente muy relacionada con las dificultades que chilenos en particular y latinoamericanos en general tendríamos para vivir felices. Y de eso justamente es lo que trata “Bienvenido dolor”, el libro que acaba de publicar con Editorial Planeta y que es consecuencia de un dolor personal: la muerte de su pareja debido a un cáncer de páncreas y su vínculo con los enfermos oncológicos a través de Pacientes de Cáncer de Pulmón y Páncreas, la fundación que preside.

-¿Qué es la felicidad, Pilar?
-Una de las ideas claves del libro es que la gente confunde felicidad con alegría, con estar contentos. Sólo se es feliz cuando se está contento. Y eso no es la felicidad. Otra concepción errada, propia de la modernidad, es asociar la felicidad con el tener. Suponer que seré más feliz y pleno si logró comprarme un televisor de plasma ultraplano para cambiar el armatoste con culo grande que tengo, por ejemplo. Al final, la felicidad es simplemente una decisión, una voluntad y una actitud. Una actitud trabajada que me lleva a decidir, a escoger ser feliz.

-¿Hay ciertos requerimientos mínimos para conseguir la felicidad?
-La investigación en que se basa el libro identifica tres actitudes claves para esto: optar por ser feliz, ser agradecido con la vida y concentrarte en lo que tienes más que en lo que te falta. Y existen además unas condiciones de base que favorecen el desarrollo de esta actitud: tener afectos que te contengan (familia, pareja, hijos, amigos), sentido del humor y algún sentido de trascendencia, y aquí no se trata de creer necesariamente en el Dios de una iglesia. Puedes creer en el Cosmos o en lus duraznos maduros, en lo que sea y te satisga y te dé sentido de trascendencia.

El libro, de apenas 183 páginas, habla de la felicidad, pero también del dolor, al que se plantea como “un compañero de viaje”, y ahí es donde aparece más evidente la relación de Pilar con quienes han vivido o están viviendo un diagnóstico de cáncer. “He descubierto que el paciente que recibe el diagnóstico con peor pronóstico suele asumirlo como si hubiese recibido al mismo tiempo un cargamento de sabiduría”, dice la psicóloga, a diferencia de los parientes, que son los que más sufren. En el libro hace ver que entre los pacientes en las unidades oncológicas de los hospitales evidentemente es difícil encontrarse con gente contenta, pero sí es factible toparse con seres humanos felices. Del dolor, el libro salta a la muerte. Y de manera simple, como suele hacer Pilar Sordo, logra transmitir mensajes profundos respecto de temas trascendentes.

-Lo hago mucho desde el humor, sobre todo cuando doy ejemplos de cómo los chilenos en particular somos especialistas en boicotear la felicidad de los otros. A la que está recién pololeando, se le dicen cosas como “ojalá te dure”, eso es un clásico. A esta característica se suma que no solemos contarnos las cosas buenas y que tendemos a partir siempre derrotados y a anticiparnos a la desgracia. Estos rasgos nos dificultan la capacidad de ilusionarnos, lo que se traduce en que vivimos desencantados como país.

-¿Y dónde a tu juicio se inscriben la indignación mundial, los movimientos de gente desconforme con el modelo económico, y las protestas en nuestro propio país?
-Pienso que en el caso de Chile la indignación social se inscribe dentro de una característica ancestral nuestra: los chilenos desconfiamos hasta de la gente buena. Los movimientos que vimos durante el año pasado en todo el mundo obedecen a un desgaste de un modelo que ha demostrado que no le da sentido a la vida de las personas, que sólo se funda en el tener, en acumular, en competir…

-¿Y tú estas feliz?
-Sí, mi hija de 18 va a hacer un servicio país a La Unión, ahora que terminó el colegio, lo que me da pena por la distancia, pero me parece una opción loca y genial; mi hijo, de 20, viene llegando de Nueva Zelandia y Australia, y está en cuarto año de ingeniería civil. Yo estoy empezando una nueva relación y ahora parto a promover por distintos países de Latinoamérica “Bienvenido dolor”, un libro que espero le toque el corazón a las personas.

Por: Ximena Torres Cautivo
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