Cuando Katty y Pilar se juntan es como presenciar la unión de dos polos en la tierra. Una corre de un lado a otro, como si se tratara del fin del mundo, desborda energía, es de sonrisa fácil y no le teme a que mal entiendan sus bromas; la otra prefiere andar a paso cansino, como si el tiempo le perteneciera y cada segundo guardara un secreto, la calma es su mejor aliada, dice las cosas como son, pero jamás pierde la compostura, siempre está dispuesta para dar un abrazo cálido y su mirada inspira ternura.
A simple vista no tienen nada en común, pero al escucharlas hablar los polos se disuelven en pos de una palabra de aliento, un consejo o una opinión, para quienes quieren hacer de sus vidas un escenario mejor.
La sicóloga Pilar Sordo y la actriz Katherine Salosny vieron en "Digan lo que digan", el programa que ambas conducen en la señal estatal, una instancia para colaborar con las personas que necesitan ayuda o simplemente un consejo, manejando el optimismo no como una estrategia para conseguir audiencia, sino como una herramienta clave para enfrentar la vida.
¿Cómo ha sido para ustedes emprender este desafío?
-Pilar: Muy satisfactorio. El hecho de que, tal vez, podamos mejorar un poco la calidad de vida de alguien con alegría es un privilegio. En el programa recibimos a personas que vienen a contarnos sus casos, cosas cotidianas, pero que necesitan de un consejo o un aliento, la "tele" es mágica para masificar eso, y la respuesta de la gente ha sido maravillosa.
-Katherine: Para nosotras es una meta constante imprimir el sello de optimismo en un país que no se caracteriza precisamente por tener confianza en sí mismos y en el que, más encima, abunda mucha angustia ante problemas como la crisis económica.
¿No les asusta encontrarse con temas que les sean difícil de enfrentar?
-Katherine: No, porque nuestro programa no es un espacio que se basa en temas sórdidos o terribles, sino que son bastante cotidianos y comunes, pero están tan reprimidos que se tornan potentes. Una mujer que llega tarde a la casa porque no quiere tener sexo con el marido es algo que ella no va a decir, pero si lo ve en el programa puede darse una suerte de espejo con las demás telespectadoras y adquieren confianza para llamar y decir, "a mí me pasa lo mismo".
-Pilar: Nos hemos esforzado en lograr que las personas se hagan cargo de sus problemas, que la gente no se victimice, no se queje y asuma las consecuencias de su postura ante la vida. Esa mirada, ese perfil no quejumbroso ni trágico, se ha ido enganchando. Los consejos u opiniones que entregamos son herramientas para que, quienes quieran salir adelante, las consideren y si las personas no quieren cambiar, también respetamos sus posturas. Jamás hay que dejar de practicar el ejercicio de la tolerancia.
¿Antes de empezar el programa se estudian los temas?
-Pilar: La Katty no, para ella es más atractivo el factor sorpresa. Yo sí, los veo antes, pero porque mi labor es distinta. Tengo que tratar de darle vueltas a la historia para encontrar el tema terapéutico y para las personas también es importante que una esté preparada.
¿Se involucran mucho con los casos que se muestran al aire?
-Katherine: Por supuesto, es inevitable. Darse cuenta que una persona nos elige para depositarnos su confianza y buscar ayuda, hace que te involucres con ellos más allá de lo que dura el programa.
-Pilar: Si la gente que un día presentó su caso en el programa, vuelve días después a contar los resultados de la reflexión a la que llegó con nuestras opiniones, para nosotros es fantástico.
Pero ustedes no dan soluciones...
-Katherine: No. Lo que hacemos es entregar opiniones. Cada uno ve si toma estos recursos y los lleva a la casa.
-Pilar: Son invitaciones a reflexionar, a incentivar el diálogo y ponerse en el lugar del otro, cada vez que sea necesario.
En los primeros capítulos el horario de inicio del programa era a las 1530 horas, ahora se transmite a partir de las 1635, ¿A qué se debe este cambio de horario?
-Katherine: Fue por una cosa de tiempo. Había que alargarlo 30 minutos y no podíamos quitarle el tiempo a la señora que esperaba su teleserie. Lo más apropiado era postergar el horario para unir los programas de la tarde que se emiten en vivo. Primero estamos nosotros ahora, con "Digan lo que Digan", e inmediatamente después viene Martín Cárcamo con "Calle 7".
-Pilar: Son modificaciones que el canal sabe por qué las hace y a nosotras nos valió tener media hora más, lo que nos permitió además tener no uno, sino que dos casos durante el programa. Desde ese punto de vista es un muy buen avance.
¿Cómo enfrentan las comparaciones entre "Digan lo que digan" y el desaparecido programa "Pasiones"?
-Katherine: No creo que quepan comparaciones. Son programas distintos, ahí había una puesta en escena, historias dramatizadas y cada vez más dramáticas. No son esas las complejidades donde nosotros nos metemos.
-Pilar: El manejo visual que tenemos es totalmente distinto. El mismo hecho que la gente muestre la cara cambia completamente el enfoque. Aquí todo se hace de frente y con una mirada más sencilla.
¿Es un programa diferente a todos?
-Katherine: No hay uno igual en este minuto. De partida hay dos "minas" que están en los 40 (años) que lo conducen, eso ya es un signo potente. Jamás me habría esperado estar a esta edad en la TV abierta con un franjeado. Es insólito, pero es una tremenda señal. Estamos avanzando en este país, eso ya marca una diferencia.
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Consideran que pueden ser el reflejo de las mujeres, que desean tener la energía y el optimismo que ustedes proyectan.
-Pilar: Más que nada queremos
que quienes nos vean se den cuenta que se puede tener una mejor postura en la vida, aunque pueda parecer imposible en ocasiones, todo se puede. Una persona si se lo propone logrará ser no sólo optimista, sino que también alegre, cariñosa y sensual. Todo lo que uno quiere puede serlo.
¿Cómo sienten que ha sido la respuesta de la gente?
-Pilar: Hay personas que me han dicho que les hace muy bien vernos, no hay que olvidar tampoco que un gran porcentaje de chilenos tiene mínimas posibilidades de acceso a este servicio de salud, el llevar la consulta a la TV es una ayuda para quienes van al estudio y para quienes nos ven.
Katherine, ¿éste es el programa de televisión que buscaba?
-Más que estar buscando algo, he sido una receptora de todos estos beneficios que he tenido en el último tiempo. Debo que sonreírle a la vida y darle gracias por todo lo que tengo. Nada ha sido gratuito, he hecho un gran recorrido para llegar al escenario donde estoy. Disfruto un montón el hacer todos los días un nuevo capítulo de "Digan lo que digan".
Se sienten cómodas...
-Pilar: Absolutamente. Nos sentimos muy bien haciéndolo, lo pasamos muy bien y además nos complementamos perfecto. Hay gente que piensa que es un programa en el que no existen pautas ni nada parecido, porque nos ven disfrutando y actuando de una manera muy espontánea. Dicen que tenemos una naturalidad que llena el set. Todo un piropo.
¿Cómo logran proyectar una imagen tan positiva a las personas?
-Katherine: Particularmente, que soy y lo que la gente ve en mí, es el resultado del saber enfrentar la vida y sus conflictos. No tengo una historia fácil, pero eso dejó de ser una excusa para ser feliz. Fui capaz de ir de frente y buscar otros puntos de vista. Hoy la mochila está mucho más liviana y siento que todos quienes deciden enfrentar el dolor realizan actos de humildad consigo mismos. -Pilar: Con el aprendizaje que hemos tenido, lo único que queremos es colocarlo al servicio de alguien a quien le pueda servir. En
Chile somos malos para compartir el dolor, somos malos para decir las cosas. La gente desconfía mucho de esa honestidad.
¿Vale pena compartirlas?
-Pilar: Creo que las experiencias que se viven no son gratuitas. Uno tiene el beneficio y el privilegio de estar en un medio de comunicación social, tiene también la obligación de ponerse al servicio de los otros y para mí también tiene que ver con una fe en Dios y mi postura frente a la vida.
Pilar, en el primer programa usted habló del dolor de haber perdido a su marido...
-Katherine: La Pilar lo hizo porque fue su primera aparición en este nuevo proyecto. Venía llegando de un proceso duro. Cómo no hablarlo, cómo no decirlo en su primera verbalización en pantalla. Cuando hicimos el piloto estaba Osear, su marido, con nosotros. Era muy simbólico que el programa se iniciara justo al mes de su partida. Se podría haber "hecho la loca" y simplemente guardar lo que sentía, pero ella no es así.
-Pilar: Me pareció súper incongruente pensar que después podía estar bailando en el programa con la Katty sin antes explicar que se puede ser feliz aun cuando se guarda una pena.
Lo necesitaba...
-Pilar: Honestamente yo no podía reírme y actuar libremente como yo soy, sin antes haber explicado cual era mi apostolado frente al dolor. No decirlo y hablarlo para mí, era no ser yo, me hubiese puesto en un rol que no era el mío.
Ustedes encomiendan tareas al final de cada programa que consisten en cosas tan simples pero importantes, como decirle "Te quiero a los que te rodean" ¿Ustedes cumplen con esas misiones?
-Katherine: Vivo sola entonces cuando llego a casa no tengo a alguien a quien decírselo, pero soy muy cercana a mi círculo de amigos y con ellos conservo afectos que son maravillosos. Cada momento que puedo me mantengo en contacto con ellos y les demuestro cariño.
-Pilar: Yo soy la encargada de escoger las tareas. Les digo a las señoras que se arreglen en sus casas, que se sientan atractivas, que disfruten de su hogar. Son cosas tan simples, pero que a la vez son tan pocos los que se detienen a pensarlo, que siento que es un aporte necesario. Y si se trata de decirle a las personas que las quiero, no dudo ni un segundo en hacerlo.
¿Al llegar a casa se lo dice a sus hijos?
-A ellos se los digo millones de veces al día si es posible. Soy así con todo el mundo. Me gusta decir "te quiero". Siento eso, lo tengo que decir, porque además me ha tocado experimentar situaciones de vida en las que uno aprende que el tiempo es algo irreal y que mañana la persona que hoy está contigo, puede no estar. Me gusta dormir con la sensación de saber que demostré el cariño que siento por el otro.
Revista VEA
María Fernanda Pavez Báez |