Un acto de amor siente Pilar Sordo que fue dar a luz el libro No Quiero Crecer. Viva la Diferencia para Padres con Hijos Adolescentes (Editorial Norma). Este trabajo fue hecho durante su proceso de duelo luego de la muerte de su pareja a causa de cáncer, a quien dedica conmovedoramente esta obra. “Gracias a Óscar, el amor de mi vida, que me impulsó y me obligó a comprometerme con él, dos días antes de que partiera, a terminar este libro antes de septiembre. Gracias (…) por mostrarme que el amor también puede existir más allá de la vida misma”. Eso dice en las páginas de su nueva apuesta, luego del éxito de Viva la Diferencia, un libro en el que indagó acerca de las particularidades de lo masculino y lo femenino, así como en las complementariedades entre ambos géneros.
–¿Qué ha significado hacer este trabajo estando en un momento tan complejo?
–El proceso que estoy viviendo es superdoloroso y me ha permitido fortalecerme interiormente en un montón de aspectos. He intentado vivir esto con lamayor dignidad de la que soy capaz. Le prometí a Oscar que yo iba a tener listo el libro antes de mi cumpleaños, que fue en octubre. Lo terminé a finales de septiembre, pero la verdad es que no fue fácil. Tuve ayuda incluso de una periodista maravillosa, porque mi mayor problema fue a nivel emocional: procesar la información, con el dolor que tengo encima, me resultaba muy complicado. Por eso siento que este libro se convirtió en un gesto no solamente hacia él, sino hacia mis hijos y sus hijos. Fue demostrarles que también desde el dolor se pueden generar cosas nuevas.
Pero, más allá de este escenario íntimo, se trata de un libro que ella sintió que era urgente ante una realidad con la que le toca estar en contacto gracias a trabajar con jóvenes: en gran medida los ve con miedo a mirar al futuro debido a todo lo que los adultos les transmiten acerca de la vida. “No les estamos dando la idea de que vivir es grato, sino de cansancio, de esfuerzo, con una connotación negativa. El tema es quejarse todo el día de lo que hacemos, en vez de valorar o agradecer las maravillas que vivimos. Es algo alarmante, que sucede independiente de la condición económica, hoy absolutamente transversal en Chile”.
Añade: “Creo que tenemos que cambiar el switch y el eslogan debe ser ‘adultos felices, plenos y agradecidos’. Nos levantamos reclamando por haber despertado en vez de agradecer por haberlo hecho. Y eso, como testimonio de vida para un niño, es horroroso. Entonces, ¿cómo me piden a mí, adolescente, que empiece a mirar la vida como un desafío interesante? Por eso en vez de querer crecer, los jóvenes dicen: ‘Me voy a emborrachar, quiero borrarme por un rato’”.
–¿Y por qué los padres transmiten tan mala onda?
– Lo paradójico es que, a la larga, tampoco es un tema tan real, porque los adultos somos harto más felices de lo que decimos que somos, pero al contar lo que hacemos, el escenario es otro. Acá nadie cuenta nada bueno, porque sabe que va a venir otro a achacarle la onda. Si cuentan que se compran un auto, van a decirles que esa marca es gastadora y que da pocos kilómetros. Entonces para qué va a contar uno algo positivo. Al final, de lo que informamos no es de la realidad. Y eso los jóvenes lo sienten y les afecta. De ahí que no quieran crecer; para qué hacerlo si van camino a vivir de esa forma tan dura que los adultos les comunicamos.
–Dices que Chile es un país que toleramuy poco las diferencias. Desde este escenario, ¿qué ha sucedido con los jóvenes?
–Los adolescentes nos dan testimonio de mayor apertura y de tolerancia que sus padres. Pero, al mismo tiempo, por lo que reciben del mundo adulto, van cayendo en un juego en que ellos tampoco se toleran. Y sucede que muchos terminan no soportando al cabro que estudia mucho, al pokemón, al que tiene algún rasgo distinto. De alguna manera, el bullyng (maltrato o acoso entre estudiantes) está reflejando cómo ellos han ido canalizando la poca tolerancia del mundo adulto.
Educar virtudes
–¿Qué quieres decirles a los padres acerca de las diferencias que hay en sus hijos y la necesidad de respetarlas?
–Es que acá queremos ser todos iguales. Yo creo que el tema pasa por educar las virtudes. Creo que hablamos montones de los valores en esta sociedad, pero de virtudes no habla nadie. Y es algo superdistinto, porque los valores son algo ajeno a mí, que yo puedo tratar de compartir o no, pero las virtudes tienen que ver con un trabajo interno, que sale desde mí. La misión de los padres debe estar fundamentada en desarrollar las virtudes que tienen sus hijos. Y en ese proceso, por sí solos vamos a potenciar y respetar las diferencias.
–¿Cuál es la responsabilidad de los colegios? En algún momento los valores han quedado postergados porque se ha puesto el foco demanera extrema en el rendimiento académico.
–Creo que la educación en Chile se malogró cuando se reemplazó el concepto de `apoderado´ por el de `cliente´. No hay un compromiso de los padres con el proceso educativo, porque sienten que están pagando por un servicio, por lo tanto este tiene que ser bien respondido. Y como trabajo tanto para estos hijos, el colegio me tiene que responder a cosas que no soy capaz de hacer como padre. Y ahí nos estamos equivocando: yo elijo un colegio para que me ayude en la pega que yo tengo que hacer con mis hijos, no para que la haga por mí.
–Dices que hay muchos elementos de la vida moderna que dañan a la familia. ¿Cuáles son los que más atentan contra ella?
–No es que dañen en símismos; es el uso que les hemos dado a esos elementos. Creo que hoy tenemos unmundo que podríamos estar gozando por lo fácil que es:me refiero con eso desde la posibilidad de usar un tostador de pan hasta un remedio para el cáncer. Pero, a pesar de tener todo fácil y toda esa instantaneidad que es casi mágica, eso deteriora también los vínculos interpersonales. Al ser todo aparentemente tan descomplicado, a la larga dejamos de valorar las cosas profundas. Por ejemplo, hoy los viejos no tienen ninguna posibilidad de mirar fotos, porque nosotros, las generaciones más jóvenes, dejamos de imprimirlas. Ninguna familia se va a sentar frente al computador a mirar 548 fotos, y objetivamente antes éramos felices con 36. Por lo tanto, hoy yo tengo que desarrollar el acto de voluntad de imprimir las fotos para que mi abuelita las pueda ver.
– ¿Por qué piensas que en la familia la democracia no es un buen concepto?
–¿A quién se le ocurrió decir que la familia era una democracia? Jamás ha sido así. En la familia hay gente quemanda y otros que obedecen, y eso se hace para darles temple y formación valórica a nuestros hijos. Por lo tanto, yo no le puedo preguntar a un hijo si quiere o no ir a ver a su abuela. Él tiene que ir y punto, aunque vaya con mala cara. Es la única manera de que él se enfrente al desafío de conocer una experiencia que tiene que ver con la reconstitución de su propia historia y que él no va a ser capaz de establecer solo. |