La adolescencia es la etapa formativa más importan te del ser humano. Es el período en que sueños, expectativas y fracasos se suceden rápidamente y dejan huella en el joven, si es que éste no viene de un hogar debidamente estructurado y donde la comunicación entre padres e hijos es debidamente fluida.
Etapa conflictiva, sin duda. Como eximente en la tendencia a fustigar a los jóvenes, me atrevo a señalar que nunca en la historia había sido tan complejo ser adolescente como ahora.
Pilar Sordo sitúa la adolescencia entre los 9 y 30 años.
Y nos dice verdades dignas de reflexionar, donde los padres deben asumir su cuota de responsabilidad. Nos revela que los jóvenes de hoy temen crecer y no quieren tener más de 15 ó 16 años, ya que les da miedo enfrentar un mundo poco edificante. El gettho adulto tiene poco que mostrarles. Claro, los padres oscilan muchas veces en medio de la irritabilidad, el estrés y la falta de tiempo, que se traduce en comunicación escasa, cuando la hay. Ello es el mejor estímulo para no pertenecer al mundo adulto, con mucho de fome y pesaroso.
| Resalta en esta etapa el hecho que los jóvenes tienden a ingestas de alcohol bastante frecuentes. Ante la escasez de habilidades sociales, de no saber hablar, de cómo entretenerse, si es que no tienen algo en el cuerpo que los conduzca a un ánimo más exultante. Justamente por eso, también se produce un alto consumo de pastillas, como el éxtasis, las anfetaminas o jarabes, que de una u otra forma actúan como acicate para el sistema emocional. Con ello, persiguen lograr una personalidad más desenfadada, más desenvuelta, aunque ficticia.
Si las conductas erróneas de los jóvenes son frecuentes, no debiera extrañarnos que cuando llegan a los quince años con valores y conductas equivocadas, no sepan como divertirse.
Diario El Mercurio de Antofagasta
Por: Jorge Abasolo |