Para la sicóloga Pilar Sordo, cuya hija Nicole participó hasta su traslado a Santiago en el grupo Stella Maris y sólo tiene buenos recuerdos de esa etapa, "claramente esto no forma parte de lo que el colegio podía o no podía saber".
Lo que más le llama la atención es "la liviandad con que en general se trata el tema de la violencia", lo que considera un reflejo de la legitimación que le confiere la sociedad como medio de expresión de emociones, de resolución de conflictos o liberación de tensiones "asociado además en este caso a un supuesto ritual horroroso de iniciación que por supuesto nada tiene que ver con la filosofía scout".
Para que Juan Andrés haya quedado como quedó -agrega- "hay un momento como de pérdida de conciencia, y eso tiene que ver con algo que pasa a nivel emocional dentro del proceso de los agresores, que pierden la noción de lo que están haciendo".
La profesional cree que urge revisar el mensaje que los adultos dan a niños y adolescentes, quienes probablemente recurren a la violencia "porque nos ven a nosotros solucionar las cosas así", es decir, en virtud de una imitación de códigos de conducta trastocados. |
Ejemplifica con situaciones cotidianas donde se permite que los hermanos se garabateen, traten mal a la empleada o en la fiesta de cumpleaños "al niño de tres o cuatro años alguien le pega en la cabeza y le ensarta la torta en la cara, eso es lo que genera la risa y lo hace la mamá".
Situaciones como esas, dice, revelan que no hay una frontera establecida entre molestar y agredir, por tanto los códigos están alterados. "La familia debe tener muy claro cómo se va a definir el molestar y cómo se va a definir el agredir, tema muy importante", tal como lo es instalar códigos adecuados para la expresión de emociones y la solución de conflictos.
Diario El Mercurio de Valparaíso
Extracto del reportaje "El Veraneo que no fue"
Por: Rosa Zamora |